miércoles, 29 de abril de 2020

El original

Mucho creí en la "originalidad" de las personas al grado de creer encontrar a muchas de ellas en la calle. Más, con el tiempo se va uno dando cuenta que no es así y casi puedo asegurar que la "gente original", vive prácticamente en el anonimato (no alabada y deseable como muchos tantos); vive sola y es tornada de diversos nombres de entre los que destaco la palabra "valientes".

Pero ¿A qué le llamo "original"?

Llamo original o "valiente" a la gente que "camina sola" (y no por querer necesariamente estarlo aunque sabe que ésta no es tan mala como los demás creen pensarlo, sino porque aprende a estarlo), mejor dicho, la que sabe "hacer senderos" propios y no sigue la de otros tan gastados por tantas pisadas; la que "forja" y "hace nuevas" todas las cosas, a la creativa, a la que caminan aun con dolor sin darse por vencida y que, a pesar de las críticas o falta de reconocimiento de los demás (lo cual les distingue de los cobardes que no caminan sin apariencia ni adulaciones), siguen caminando... 

Los "originales" hacen caminos y marcan pasos... los que, con o sin "compañía", son capaces de seguir caminando, por eso son muchas veces llamados "valientes" (distinguiéndose de la imprudencia), porque no se resisten a una piedra grande en el camino, a una montaña empinada o escabrosa que les impida hacer "nuevos caminos".

La mente original es prácticamente indomable y, desde un principio, de alguna manera, "sabe lo que quiere" para luchar por este objeto hasta alcanzarlo. 

Se trata de "gente soñadora" pero con los pies bien puestos en el suelo sin desanimarse enteramente o al primer esfuerzo, su sueño siempre será más grande que cualquier obstáculo, esto le diferencia de parecer rebelde por el sólo hecho de querer serlo...

El mundo (en apariencia) se guía mucho de la personalidad "valiente" y "original" y son a estas personalidades a las que siguen y quieren imitar, sin embargo, pocos realmente se visten el traje, los demás son "repeticiones" de éstos y hasta se benefician de los trabajos del valiente.

El valiente u original es "emprendedor" (por lo mismo que es creativo como ya mencioné anteriormente); es capaz de "sembrar" donde incluso no hay nada y la tierra accidentada está bajo el duro calor del sol. Los imitadores se sirven de la sombra y los frutos del árbol que el "valiente" (u original) con gran esfuerzo y sudor ya previamente plantó y, a diferencia del imitador, el original no presume de sus logros, simplemente "lo hace"...

A la mente original le da "igual" lo que los demás se expresen de ella; es más inteligente y ve más a fondo; ve al horizonte a pesar de que, a ciencia cierta, no sepa lo que en el camino se encuentre, más, no se confunda esto con ser apático o indiferente, simplemente tiene sus métodos, su propio toque.

Cuánta decepción me llevé pensando que la gente original toda era; y la gente original no precisamente es siempre "amable", te engañas si crees que ahí la encuentras; al contrario, esta máscara (sin  generalizar) sirve a muchos "perdedores". Y hasta me atrevo a decir que la gente original es percibida como enojona, apática, seria, aguafiestas, etc., a primera vista (y no es que verdaderamente así lo sean) sólo por no seguir lo que todos al momento hacen. No necesariamente siguen estereotipos ya establecidos y son capaces de discernir entre lo que les es o no saludable para su espíritu. Con esto no digo que ser amable sea malo sino que, simplemente, los originales o valientes no tienen "caretas" y, si son amables es porque verdaderamente lo sienten, si no, no serían ya originales.

Ellos son unos "genios", más,  no se confunda esta cualidad con ser "intelectos" porque la verdadera genialidad viene de adentro, del espíritu y, el sólo hecho de estudiar no necesariamente te hace "libre", independiente, creativo, mejor ser humano... peor aún, muchas de las veces la profesión te vuelve esclavo, obrero, soberbio empedernido... cuando te enseñan sólo técnicas y cuando no disfrutas lo que haces, cuando no se es de la vida reflexivo y se busca solamente lo que los demás también quieren, la mayoría de las veces: sólo dinero (aunque muy necesario para el cuerpo humano)...

La mente original sabe hacer más allá de su profesión (si la tiene); no sigue sino que genera; genera un verdadero empleo donde funge como su propio "jefe" ¡bueno, al menos esas aspiraciones tiene! y, al decir jefe, no me refiero precisamente al sinónimo de "poderío" que conlleve soberbia, egoísmo... sino ser jefe en el sentido más pleno: el pertenecerse a sí mismo, ser libre de sus espacios y tiempos para crear y disfrutar lo que, con tanto esfuerzo, logra con esmero... 

Pero esta mente libre no es aún así conformista, no cree en los fracasos a los cuales ni caso les hace; no cree en el éxito como una meta a llegar o una determinada medida, sino que, en todo caso, se trata de un éxito interminable porque para ésta el triunfo ya lo tiene en sus manos desde que "disfruta de lo que hace", y ese es su gusto y su premio.

El original o valiente no precisamente nace sino que, con el paso de los años y, ante la aspereza de la vida, y muchas de las veces hasta sin darse cuenta, cuando menos acuerda, ¡ya están aquí arriba! Es éste el que decide qué hacer con el barro en el que se encuentra y que la misma vida desde chico le ha dado; que decide con éste hacer esculturas o artesanías a diferencia del que decide quedarse ahí solamente embarrado...

El original es como humilde además de valiente; está ya acorazado como el árbol florido que entre más duro golpe reciban, mayor lluvia de flores despide. No necesita de recomendaciones pues esta cualidad es su visa y pasaporte, pero, aunque no la tuviese, no se desanima; sabe que todo conlleva esfuerzo y un poco de tiempo. Siempre es feliz a pesar de todo con esta sabiduría porque los obstáculos para éste no son ocasión de pesar sino, más bien, de reto, reflexión, prueba y de "más a sí mismo conocerse" y que es lo que a fin de cuentas lo único que le importa: su edificación más que el reconocimiento o simple apariencias...

Jesús era uno de éstos... (continuará).


sábado, 5 de octubre de 2019

El infame (Voz de un vagabundo)

Muchos piensan que he muerto y no volveré; muchos me tratan ahora de infame y por eso no se acercan a mí. Muchos que decían ser mis amigos, en realidad, nunca lo fueron porque sólo te vieron en tanto tuve "algo" o fui algo no sólo para ellos sino para y entre los demás (y no me refiero solamente a dinero). Muchos que antes hablaban y cotorreaban conmigo, ahora mucho callan, no sé por qué, por prudencia -dicen ellos- ¿Prudencia de qué? Así hacían los fariseos y letrados en su tiempo con Jesús que, por guardar estatus u otros intereses (diferentes evidentemente a los del reino), a lo que Dios pedía (y no es, por cierto, muy diferente a lo que hoy pide), se resguardaron de su trato. Porque como dice el dicho "es más fuerte la costumbre (el confort) que el amor mismo"; más fuerte lo que vemos que lo que sentimos, lo que creemos o deberíamos mejor creer: en Dios mismo.

No saben estos "muchos" que es más la paz y tranquilidad que da el "no ser reconocido" porque este reconocimiento que algún día tengas por los hombres, tarde que temprano "se irá", no más de tres generaciones como sucede entre la gente "normal" (que se gozó de este mundo para sí mismos y no sirvió a los demás).

Cuántos que sirvieron en anonimato, cuántos hay hoy día en este momento, en este mismo instante: tantos santos y santas que dan la vida sin ser recompensados y reconocidos y, donde, en todo caso, surgimos nosotros gracias a su entrega desinteresada, fervor y coraje por la vida como, por ejemplo, la mamá misma, o personas que trabajan en hospitales o, simplemente, gente marginada que no tiene malicia que se aprovechan de ellas día a día en las cárceles o en los trabajos, son explotadas y aguantan sin decir, porque no saben hablar pero necesitan el trabajo... y aún así más nobles se vuelven, no maldicen o se mezclan con esa gente que pisotea sino que aprende a "no ser como ellos", siguen a sus Dios y se aferran con mucho mayor ahínco porque tienen por qué o "por quien vivir"; que con más fe cada vez y más fuerza, de ahí salen incluso muchas vocaciones y que para "muchos" es llamado "miseria" sin saber que es mi miseria más grande la que provoca éstas por "no hacer nada" e ignorar tales situaciones... y así podría dar muchos ejemplos de tanta gente diario que "nadie les hace caso" sólo porque, en apariencia, "no son importantes", no para la mayoría de nosotros pero, para Dios ¿Tampoco? Es "la cultura del descarte".

¿Qué tienes tú que ignoras tan sencilla, simple y rápidamente? ¿Ignoras al ignorante? ¿Quién será realmente el que ignora, no sólo personas sino cosas, instantes...? ¿Qué tienes que te haga mejor o más grande si todo lo que tienes viene de Dios? o ¿A caso no eres creyente? ¿Quién es el más grande a los ojos divinos? Él ya lo dijo: "el humilde, el que se abaje para escuchar; el que se haga más pequeño con "sus pequeños" y se atreva a jugar con su hermano, me refiero a disfrutar la vida con él cual unos niños inocentes, ingenuos que se deleitan sólo de la presencia de su Padre y eso les basta: vivir cada día en su presencia "el instante".

A tí que me ignoras pues, si tanto te importan los status y, en ese sentido, quién es cada quien ¿te has puesto a pensar profundamente quien realmente soy además de, quizás, ser la horma de tu zapato, alguien molesto o insignificante? ¿No seré yo Dios en tu camino pidiéndote algo, me refiero a una prueba donde deba salir victorioso tu corazón compasivo, humilde, paciente...?

Muchos piensan, pues, que he muerto y, porque soy infame, así como un día Jesús llegó a ser en la cruz, ya por eso "no valgo". Pero estoy más vivo de lo que creen, estoy en la calle y a diario me topo contigo a veces desde lo más insignificante en apariencia y que es eso precisamente que tomas para sentirte más grande, lamentablemente no ayudando, sino comparándote aún más con tus hermanos, conmigo, como si de tí, todo lo obtenido, lo "ganado" -dicen-, de tí viniera estrictamente hablando, olvidando que fue tu fe en Dios la que te ha impulsado a estar donde ahora estás o has estado. Eres un don divino.

Recuerda, pues, que "no es en el éxito" donde nos gloriamos, ten cuidado de estacionarte en este mundo. Es, al contrario, desde "el fracaso" de la cruz donde reflexionamos la vida, donde se dio muerte a la apariencia, avaricia, soberbia, ego... porque Jesús no vino en esencia a predicarse a sí mismo sino a ser portador de la Palabra que da vida; la de su Padre al que amaba tanto: la del amor mismo. Esto era lo más importante para él y lo vivió y se desvivió por hacerlo presente. 

Y es así como en la cruz sólo mataron su cuerpo (lo que se ve) pero no su espíritu (que se siente) que estaba tan radiante por tanto bien haber vivido, haber amado intensamente aunque le dieron un fin "infame" y "muchos" se gloriaron de su muerte, pero "muchos" otros lo vieron con ojos "compasivos", como reflejo de su situación y se compadecieron de aquél que se identificó primero con ellos, del que se compadeció como nunca antes nadie lo había hecho con ellos: los ignorantes, pobres, mujeres, ricos, recaudadores... todos los marginados de la sociedad de aquellos tiempos y, al parecer y lamentablemente, aun hoy mismo; de la sociedad; de aquellos "muchos" que hacen, no la "diferencia" sino la "distinción" (división) entre los que, para ellos, más, o menos "valen".

Hoy ya muchos no creen "por lo mismo". Porque nuestra presencia no hace presente a aquél que dijimos un día que "conocimos": a Jesús de Nazaret que hoy dia todavía muchos buscan en su vida para darse sentido y piensan que no ha llegado el mesías y siguen sufriendo "solos" las implemencias de la vida, de los poderosos, de los gobiernos, de la sociedad misma en la que participo yo.

Muchas cosas y situaciones de la vida cada día nos hacen olvidarnos de Jesús mismo, de que existe y muchos que dicen haberle visto, llega un día en que otras situaciones o status les hace perder la memoria, el conocimiento; se va desvaneciendo la figura de aquél hombre que un día vio pasar y le invitó pobremente a una misión específica, no a predicarse así mismo o "acomodarse" sino a servir a los demás con lo que tiene y está viviendo.

Es así como muchas veces Jesús se nos vuelve "infame": ¡No le conocemos! decimos, y no me refiero sólo a la palabra sino de "testimonio mismo".

Muchos piensan que he muerto, pues, y que no volveré. Ese es el peor de los casos, que nos estemos durmiendo, que no creamos, que nos acomodemos a este mundo pero realmente seamos unos obreros, no sólo perezosos sino hasta rebeldes y soberbios que ya no le interesa creer en que algún día vendrá su patrón, aquel que un día les confió algo importante: su viña, la de sus hermanos que tiene que administrar en el buen servicio ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si se pierde a sí mismo? (Mt 16,26). "No seaís irracionales como caballos y mulas cuyo brío hay que domar con bozal y frenar [simplemente] para poderse acercar" (Salmo 32,9).

lunes, 19 de agosto de 2019

La esencia de la verdadera ley


“No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a Él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina…” (Misericordia et misera No. 11).

Con estas palabras el Papa Francisco hace énfasis a algo mucho más grande que la ley misma recordando que, aunque la ley existe para dar orden, ésta está a merced del hombre mismo y no al revés tratando de procurar siempre el bien de todos en su conjunto, es decir, es válida siempre y cuando ésta dignifique a los hombres.

La ley no es perfecta a pesar de ser necesaria. Sólo nos da un parámetro de cómo movernos y comportarnos en base a experiencias vividas de los hombres.

El mundo está en constante evolución y es por ello que la ley también no es eterna ni existen parámetros universales exclusivos que rijan a toda sociedad de un mismo modo siempre.


La ley debe ser siempre sinónimo de “bien”. Así, dondequiera que haya parámetros a seguir en una cultura, sociedad… debe ser siempre procurando el mayor bien entre sus individuos, de otro modo estaremos hablando de “leyes precarias”, egoístas que sirven sólo a intereses de unos cuantos.

Cuando la ley (humana) se corrompe, es decir, que ya no sigue los parámetros de procurar siempre el mayor bien entre sus individuos y sirve sólo a unos cuantos, ésta, desde mi punto de vista, ha perdido su esencia principal.

La ley humana pues, como vemos, es más corruptible que la ley divina; me refiero a la ley del amor, de los valores que nunca pasarán de moda. Es esta ley del amor y es la que por siempre ha trascendido a través de la historia de la humanidad. La ley humana sin Dios (sin amor) es defectuosa y más propensa a corromperse…

“Un sábado mientras [Jesús] atravesaba unos campos de trigo, sus discípulos se pusieron a arrancar las espigas. Los fariseos le dijeron: -Mira lo que hacen en sábado: ¡Algo prohibido! Les respondió: -¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros pasaban necesidad y estaban hambrientos? Entró en la casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, comió los panes consagrados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y los compartió con sus compañeros. Y añadió: -El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. De manera que el hijo del hombre es Señor también del sábado.” (Mc 2, 23).

En este ejemplo, la ley permitía calmar el hambre cortando espigas al pasar por un sembrado excepto el sábado. Jesús, para discernir cuando una ley es opresora o liberadora toma como criterio al ser humano. Ninguna ley, pues, palabra o acción que lo oprima, margine o excluya puede tener el respaldo de Dios; precisamente porque Dios es amor y, hombre que no ama, no tiene a Dios y se convierte en opresor.

A veces las leyes, analizándolas en su profundidad, resultan por demás “absurdas” y descubrimos que van perdiendo su esencia de “humanidad”. En este caso, ante la ley judía, podríamos preguntarnos y, tomando como criterio al ser humano ¿A caso el hombre (sobre todo forastero) no come el día sábado? ¿Querrá Dios que el hombre muera por tener la mala fortuna de tener hambre el día sábado? Dios no quiere la muerte del hombre sino que viva y se salve.

Digo todo esto, pues, porque la ley debe ir en aras a eso: dignificar al mismo hombre. Esta es la ley que avala Dios (amor) y donde incluso ejerce su misericordia cuando ésta ley humana no alcanza. Dios es más que la ley humana, el juez supremo.

Y digo esto sin afán de rebeldía pues la ley existe por algo y es necesaria. No se trata de abolir la ley sino de darle plenitud; la plenitud del amor, el sentido por el que debería de existir: el amor y dignificación del hermano. “No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir sino para cumplir […] Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos [escrupulosos de la letra], no entrarán en el reino de los cielos” (Cfr. Mt 5, 17ss).
Así pues, la ley también puede resultar cómoda al quedarse en el mero cumplimiento de ella sin esfuerzo de reflexión siempre. Peor aún, cuando de antemano esta ley significa resguardar intereses propios aun con apariencia de “servicio”. De ahí que toda ley hecha sin amor, literalmente, “no sirve” para servir (dignificar).

Sin Divisiones

Le ley principal, pues, siempre será en base a un precepto primordial: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn 13,34). Pues quien ama a su hermano siempre querrá servirlo, pero un patrón querrá siempre ser servido.

Cuando es la ley del amor el principal en la vida del hombre desaparecen incluso divisiones, prejuicios; desaparece el obrero y surge el amigo, mejor aún y, yendo más allá, surge el hermano “Ya nos os llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su Señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché de mi Padre” (Jn 15,15).


martes, 19 de marzo de 2019

Solitariedad


Los fugitivos

La tentación del –hoy más que nunca- es la superficialidad, es decir, el vivir en la superficie de sí mismo. En lugar de enfrentarse con su propio misterio, muchos prefieren cerrar los ojos, apretar el paso, escaparse de sí mismos, y buscar el refugio en personas, instituciones o diversiones.
En lugar de hablar de SOLEDAD, podríamos hablar de INTERIORIDAD. Y aquí repetimos: cuanto más interioridad (soledad), más persona. Cuanto más exterioridad menos persona. Llaman personalización al hecho de ser uno mismo, alguien DIFERENCIADO.

Y el proceso de personalización pasa por entre los dos meridianos de la persona: soledad y relación. Pero será difícil relacionarse profunda y verdaderamente, con los demás, si no se comienza por un enfrentamiento con su propio misterio, en un cuadrante inclinado hacia el INTERIOR de uno mismo.

Nunca fueron tan vigorosos, como hoy, los tres enemigos de la interioridad: la distracción, la diversión y la dispersión. La producción industrial, la pirotecnia de la televisión, el vértigo de la velocidad.


Es más agradable, y sobre todo, más fácil, la dispersión que la CONCENTRACIÓN. Y ¡he ahí al hombre, en alas de la dispersión, eterno fugitivo  de SÍ MISMO, buscando cualquier refugio, con tal de escaparse de su propio misterio y problema!

Los fugitivos nunca aman, no pueden amar porque siempre se buscan a sí mismos; y si buscan a los demás no es para amarlos sino para encontrar un refugio en ellos. El fugitivo es individualista. Es superficial. ¿Qué riqueza puede tener y compartir? La riqueza está siempre en las profundidades.
Existe un poco de amor porque se vive en la superficie, igual en la FRATERNIDAD que en el MATRIMONIO. La medida de la entrada en nuestro propio misterio será la medida de nuestra apertura a los hermanos.

Nuestra crisis profunda es la crisis de la EVASIÓN. Escapados de nosotros mismos, vivimos escapados, también, de los hermanos. Es preciso que el hermano comience por SER PERSONA, es decir, comience por enfrentarse y aceptar su propio misterio.


P. Ignacio Larrañaga, del libro "Sube conmigo"

lunes, 1 de enero de 2018

Soy grande



Yo soy grande, para eso nací. No dependo de los demás más que de mí mismo.

Me quiero, me estimo. Camino y barreras derribo, porque, después de todo, como dije, soy para mí mismo, y no, no es egoísmo, al contrario, es conocimiento y reconocimiento de lo que valgo y soy ante los demás. No se trata de "aparentar" sino de "vivir"; vivir lo que yo decido, lo que yo quiero y determino. Porque sí se puede. Mi principal obstáculo como el de muchos otros que me pudiera eliminar (si me dejo), aquellos vicios que no nos dejan avanzar, serían, precisamente, lo que a tu mente te han vendido: "que no puedes", o que difícilmente avanzarás sólo porque ellos no se esforzaron, porque no lo lograron, mejor dicho, porque no dieron lo mejor de sí mismos, porque, más que "poder", "no quisieron". Pero de que se puede, se puede.

No le dejemos todo a Dios, él es tan sólo una parte de nuestro camino, es nuestro ánimo, esperanza, el buen amigo. Pero la victoria, lo que tú quieras sólo tú lo lograrás "si tú quieres", está en tus manos, tú eres "tu destino".

No le hagas caso a la gente que en su mayoría guarda un pesimismo. Sí, es eso: un peso, y por eso avanzar "no pueden". Porque se quedaron allí "cómodos" en sus seguridades muchos de ellos soltando sus sueños (yo aún tengo los míos) por sólo cosas materiales; porque, déjame decirte que todos tenemos, o tuvimos (para los que no quisieron ya luchar) sueños que alimentar y por ellos luchar, pero nos dejamos guiar por lo que vemos, abandonando lo esencial que no siempre es lo que vemos o no ven los demás, como la esperanza, el aliento, la lucha, la pasión por llegar a "ser alguien", el amor… pero, como digo, no precisamente "para los demás" más que para sí mismo; porque tú quieres (luchar) algo alcanzar para ti, aquello que te hará feliz, que te costará pero, por ello, con mayor entusiasmo y orgullo poder decirlo: ¡lo logré! "esto es mío", sólo mío y nadie me lo podrá quitar. ¡Esto es mío y de nadie más!

Pregúntate qué quieres y lucha aún por tus sueños, quizá muchos de ellos aún los puedas lograr pero sí no, no te preocupes...

Mejor sí, ¡preocúpate!, porque siempre hay un sueño, aunque sea pequeño que, por pequeño, pueda ser el peldaño de otros sueños más grandes que en el futuro pudieras alcanzar.



¿Qué quieres? o ¿Piensas quedarte mirando ahí sentado recolectando o buscando sólo dinero, cosas materiales... mientras ves a los triunfadores pasar; a los felices que luchan, se caen, pero que viven la vida y hasta ni tiempo tienen de "criticar" o envidiar a los demás? pregúntate en esta vida y, aún con los años que tienes ¿Qué quieres? y lucha por ello que, el hacerlo, precisamente te hará más humano, con mayor entusiasmo, más fuerte y, si puedes, de paso, a la gente "ayudar". Ayúdate, pues, primero a ti mismo; sé valiente, sacrificate por ti y los demás que el amor eso es: sacrificio y los demás "lo verán".

jueves, 28 de diciembre de 2017

GUSTAR ¿Es amor?

Si una persona es encantadora no hace falta que nadie le diga: amen a esa persona. Todo el mundo la amará instintivamente. Sus cualidades son como un imán que cautiva y arrastra las fuerzas adhesivas de las personas que las rodean. Amar al amable, ¿Qué novedad tiene? Lo raro sería no amarlo.

En el amar de los amigos, ¿En qué grado existe el verdadero amor? En el amor que llaman sexual o erótico, ¿En qué dosis están el amor propiamente tal, o la búsqueda de SI MISMO bajo el signo del interés o del PLACER? El amor OBLATIVO es precisamente aquel que pone en movimiento energías “amadoras” allá donde no existen polos de ATRACCIÓN.

Tengo la impresión de que mucha gente confunde “GUSTAR” con “AMAR”. Creen que todo lo que gustan, aman.

Traslademos o dicho a nuestra persona.

Si usted tiene una espléndida figura física, seguramente la amará. Pero ¿Será amor? Probablemente existe una simbiosis entre usted y su figura. En el fondo, puede decir: YO SOY MI FIGURA.

Si tiene una memoria brillante o una simpatía irradiante, seguramente las va a amar. ¿Amar qué? ¿Su cualidad o su persona? Normalmente no existe amor ni odio, rechazo ni acogida de mi persona, sino de las PARTES de mi persona.

Usted no va a tener problemas en aceptar y amar lo que hay de AGRADABLE en su persona. Sus problemas comenzarán cuando usted se encuentre con aquellos aspectos de su persona que no le
GUSTAN. Ahí comienzan los RECHAZOS.

Estoy de acuerdo con la afirmación psicoanalítica, en el sentido de que, toda actitud y conducta necesitan, como impulso, un motivo de PLACER. Si yo soy contrahecho o melancólico, por nacimiento, ¿Por cuál motivo voy a PERDONARME o ACEPTARME? Humanamente será difícil aceptar la TRISTEZA agresiva contra mí mismo, a modo de reacción.

¿Cuál podría ser, en este caso, el MOTIVO o “estímulo de PLACER” por el que tomo la actitud interior de asumir con PAZ la realidad tan desagradable, que forma parte de mi PERSONA? Caben dos reacciones: una actitud fatalista o estoica, como la de aquel que dice: esta es la realidad DURA y FRÍA; no hay más salida que eliminarme de la vida o soportarlo todo FRIAMENTE. ¿Qué se consigue con LLORAR?

La otra ACTITUD es una visión de FE: para Dios, nada es IMPOSIBLE. Todo depende de su voluntad; él lo quiere o lo permite. En sus manos me entrego con PAZ, y entrego todo lo que NO PUEDO CAMBIAR.

lunes, 13 de noviembre de 2017



PALABRA MÁGICA Y EQUIVOCA

Es obvio: la piedra angular sobre la que se edifica el matrimonio es el amor.

Pero como el amor es el término más manipulado del diccionario, se lo ha revestido a lo largo de los siglos con las connotaciones más variadas y exóticas. Hay quienes lo han definido como emoción, energía, vibración, pasión, ideal...

Lo que se VIVE no se DEFINE.

Tiene mil significados, se viste de mil colores, confunde como enigma, fascina com una sirena.

ALEGORÍAS

Amar es franquear las fronteras que se levantan entre el sueño y la realidad.

Amar es comprobar cóm, ¡por fin!, cae desmayada la sombra de la soledad.

Amar es sorprender sueños imposibles en unos ojos, sueños que a la postre nos conducirán más allá de todas las sorpresas.

Amar es recorrer un desierto a lo largo de un día y, al atardecer, encontrarse bajo la arena con la llave dorada de los ensueños.

Amar es descubrir el secreto que guardan las semillas debajo de la nieve.

Amar es despertar una mañana y descifrar por primera vez las escritura que las golondrinas tejen con sus vuelos. Parece magia.

Aprender a VIVIR es aprender a AMAR, porque sólo quien AMA VIVE.

Si el sol se apagara, la tierra sería oscuridad absoluta. Si el amor expirara, el matrimonio, y la vida misma sería tedio absoluto.

Cuando el sol del amor brilla en los espacios conyugales, la vida es un milagro perpetuo, una rosa en la mano una canción en los labios, una melodía caída de las estrellas, un prodigio de gracia y encantamiento general.

El amor no tiene razones ni da explicaciones. Entra en la casa sin PREVIO AVISO; y, sin pedir DISCULPAS, rompe esquemas, quema viejos estandartes, reduce a cenizas a venerados ideales, altera criterios, sacude estanterías y suelta al viento jeraquía de valores.

RADIOGRAFÍA

El amor es una ENERGÍA que devora las DISTANCIAS que se abren entre un ser humano y otro y los unifica, superando así el VACÍO AFECTIVO y la SOLEDAD EXISTENCIAL.

El amor auténtico se fija en la persona misma y no en su envoltorio.

Si se ama a una persona por su posición social o su apellido, es un amor adulterado.

Un amor que se originó al impulso de una anatomía espléndida o de una SEDUCTORA mirada puede congelarse al primer golpe el cierzo. Era un sentimiento EFÍMERO.

El amor que nace motivado por factores EXTERIORES es un egoísmo camuflado. Más aún, podemos asegurar que el verdadero amor no deja de tener su carácter irracional, esto es, no tiene razones para amar. El amor nace ESPONTÁNEAMENTE, sin un porqué.

Así como una joya no se estima por el precioso ESTUCHE que la contiene sino por su belleza intrínseca, así, en el verdadero amor, la persona es amada por SER quien ES.

El amor con harta frecuencia se parece a un CAPRICHO. A menudo en sus JUEGOS no entran LA BELLEZA, el TALENTO o el MÉRITO. Surge sorpresivamente en el lugar y momento menos pensado sin poder EXPLICAR los motivos.

Es tan extraña esta criatura del amor, que no se la puede ocultar en caso de existir, y, si no existe, es imposible fingirla.

El amor, blindado de PAZ, puede contra el PODER, contra la RAZÓN, contra el HONOR; y es capaz de responder con dulzura a la amargura de las violencias, de los golpes y temores.

El amor nunca pide, siempre DA. Una sola pena le embarga: no poder DAR MÁS. La SEÑAL inconfundible del amor no es la PASIÓN ARDIENTE sino la dedicación a base de pequeños pormenos diarios. [El amor se cultiva a diario con detalles].

Amar es la capacidad de sentir PREOCUPACIÓN, RESPONSABILIDAD, RESPETO y COMPRENSIÓN hacia la otra persona en las diferentes emergencias de cada jornada.

Dice el Talmud:

"E HIERRO es fuerte, pero el fuego lo derrite [el agua lo corroe].

El FUEGO es fuerte, pero el agua lo apaga.

El HOMBRE es fuerte, pero los temores lo DEPRIMEN.

El TEMOR es fuerte, pero el sueño lo diluye. SÓLO EL AMOR SOBREVIVE A TODO".