domingo, 14 de junio de 2020

El encanto de una Mujer

El encanto de una mujer puede estar de muchas maneras, ya que muchas de ellas tienen un corazón lleno de mucha humildad, ese gran amor lo podemos conseguir en nuestra madre, hermana, amiga, novia o esposa, ya que éstas tiene el don dar el amor verdadero en todas las circunstancias por las que podemos atravesar, a lo largo de éstos años hemos podido ver como mujeres guerreras han estado aportándole al mundo grandes cosas, afortunadamente en la actualidad, éstas tienen mas oportunidades, ya que son tomadas en cuenta, ahora podemos verlas como encargadas de una nación, de grandes marcas y empresas o como madres ejemplares.

Todos hemos tenido la dicha de tener el encanto de una mujer en nuestras vidas; y todo comienza desde el primer día en el que llegamos al mundo, la primera muestra de cariño que recibimos es de nuestra madre, no todo comienza allí, desde el primer día en el que estás en su vientre comienza todo su cariño y encanto.

A lo largo de la historia hemos podido ver cómo las mujeres han derribado estereotipos impuestos por la sociedad, tantos de belleza y como laborales. En nuestra era ya no importa si una mujer tiene sobrepeso para estar en la televisión o concursos de belleza para ser tomadas en cuenta, esa extrema delgadez que impuso la sociedad ya es cosa del pasado, también por otro lado, hemos podido ver cómo las chicas dominan deportes que eran tachados sólo para hombres, las podemos ver en torneos de boxeo, partidos de fútbol y todo tipo de deporte extremos.

La mujer más poderosa de su tiempo

Además, en el pasado a las mujeres no se les permitía tener ciertos tipos de liderazgos para oportunidades laborales, ahora podemos ver que grandes mujeres como: Oprah Winfrey, Ashley Qualls, Shakira y entre muchas de ellas quienes en el inicio de sus vidas y carreras fueron discriminadas por la sociedad, éstas ahora son grandes empresarias y famosas que se siente orgullosas de ser mujeres.

Ésto es una pequeña parte lo mucho que pueden lograr las mujeres, con el encanto que las caracteriza han podido derribar barreras que antes parecían ser imposibles de derrumbar. A todas nuestras mujeres guerreras, emprendedoras y trabajadoras queremos rendirles un pequeño homenaje, sin ustedes nuestras vidas estarían vacías y sin sentido, ustedes son la muestra de humildad, cariño y amor que las hace ser un encanto que ilumina al mundo. A todas ustedes muchas gracias por aportarnos el amor que tanto requerimos para salir adelante.


Un reconocimiento especial y abrazo afectivo a mi mamá, hermana y todas esas mujeres que a lo largo de mi vida me han estado acompañando, aconsejando hasta hoy día; a todas esas amigas y maestras que, de manera incondicional, me han hecho crecer en muchos ámbitos de mi vida de muchas maneras...

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viernes, 5 de junio de 2020

EL QUE NACE PARA MACETA...


Muchos hemos escuchado alguna vez este refrán "El que nace para maceta no pasa del corredor" y, aunque para muchos es muy obvia, para otros no lo es tanto así. 

¿Por qué maceta?

La función de la maceta por su esencia no es el de ir más allá que "adornar", normalmente un pasillo, una ventana, un balcón... En fin, sea cual sea el lugar donde se encuentre, lo que  este refrán nos quiere decir es que ésta nunca pasará de ahí. 

Se trata de la "gente obstinada", temerosa, tradicionalista, arraigada ciegamente a sus costumbres sin siquiera, muchas de las veces, reflexionar su propia situación o enseñanzas dadas.

Esto también tiene mucho qué ver con el factor "esfuerzo", elemento esencial para "trascender"; lo que nos puede ayudar y, siguiendo con la lógica del dicho: "a pasar del corredor", a cambiar nuestra realidad; a mejorarnos y mejorarla, a no quedarse "plantados" en una cierta realidad... 

Y esto solamente lo pueden hacer "los arriesgados" los, valga también decirlo, "ambiciosos" en el sentido de desear "algo mejor" aunque la manera como se haga, por supuesto determina sus consecuencias. Así, hay ambiciones buenas y malas. La mejor ambición, pues, es desear el bien supremo: a Dios que es amor y, a su vez por ello, no buscaremos el mal a los demás.

Es este factor Dios quien nos hace "confiar", nos dicta el camino, hace arriesgarnos y, por supuesto en el ámbito de nuestra fe en Él, que nos lleva a lo que más nos conviene como personas, ni más ni menos, la perfecta y exacta felicidad.

El problema surge, en dos polos extremos: 1) en la mediocridad o conformismo, cuando nos planteamos la idea de que "estamos bien así" por no esforzarnos ni arriesgarnos a ir más allá, porque nos cansa el pensamiento de "caminar" sin antes haberlo intentado siquiera...; y 2) cuando deseamos más de lo debido (avaricia) donde se corre el riesgo de adorar otros dioses y desplazar a Dios (amor) mismo tomando en su lugar el valor meramente "material" y egoísta como en la tentación del génesis "serán como Dios..."(Gen 3,4); o el becerro de oro del Éxodo (Ex 32).

Parece ser que una flor (o varías) del jardín (sin maceta), tiene más posibilidades de cambiar de locación, o, dicho de mejor modo, de "trascender" en tanto aún no tenga ese elemento llamado "maceta" que, hasta cierto punto la limita y condiciona ya que normalmente una flor, una planta, etc., fungen como "ornamentos" (apariencia), que no es mala, pero sí efímera.

Más ¿Por qué esta frase se aplica en mucho a nosotros los hombres?

Se refiere básicamente a esa característica de "no trascendencia" en el hombre, dando, a su vez, un aspecto incluso de estancamiento, de "no progreso". Pero esta característica se aplica más propiamente a "la voluntad" del mismo más que a los medios. 

Así, la trascendencia de una persona o comunidad dependerá en mucho (si no es que siempre) de la calidad de sus pensamientos. El carácter de intrascendencia se debe muchas veces al "pesimismo", producto, a su vez, de la "comodidad", del estacionarse en ideas o modos de vivir propios que se consideran "acabados", determinados (¿Para qué esforzarse si ya estamos bien así? evitemos más problemas), etc. dejando de lado la libertad de crear en manos del "destino" como si el hombre no tuviera inteligencia ni capacidad de "hacer las cosas mejores" al ejemplo del creador (Ap 21,5); de caer en cuenta que nosotros somos nuestro propio destino.

He visto personas con oportunidades varias que la vida le presenta para poder seguir caminando y mejorarse; y he visto también a la vez, como éstas la rechazan una y otra vez sólo por el hecho de que les implican un mayor esfuerzo ¿Para qué esforzarse si estoy bien así? -piensan algunos-; otros más pesimistas: "Así me tocó vivir, es el destino"... pero todos ellos reina en el fondo, aunque no lo crean, una comodidad, la comodidad del mínimo esfuerzo. He visto "Pobres" (materialmente hablando) que se niegan a mejorar su comunidad, sus casas de cartón, alcantarillado, etc.  porque quieren seguir defendiendo esa condición más que nada por "comodidad", porque "me dan"; para conseguirse mayores beneficios del gobierno u otras estancias como despensas regaladas, alimentando con ello el vicio del "asistencialismo", con el mínimo o, prácticamente nulo esfuerzo.

Más, según sea tu interés en la vida, será tu voluntad y con ello tus frutos ya que, no todo puede proporcionártelo el entorno. Muchos se "conforman" con migajas que reciben de los demás, pero pocos realmente van por el pan bueno, grande, verdadero (no sin gran esfuerzo).

Esa maceta (molde), pues, nos condiciona, nos limita a salir, a ser diferentes, a crear cosas nuevas. Quien se cree sólo planta, ciertamente no pasará del corredor, de la ventana, del balcón, del jardín... de ser un simple "ornamento". Debemos transformarnos en algo más viable, y no porque la planta sea en sí mala o innecesaria ya que, ciertamente hay elementos que por su esencia cumplen su función específica (don) y son felices con ello. Cada cual tiene un talento y un don y, si el tuyo no es ser planta estacionada en maceta, no te quedes ni te aferres a lo que "no eres".

Oportunidades de vuelo vendrán una y otra vez, y una y otra vez el mediocre la rechazará por desánimo, le invitarán a salir del corredor y, en el camino, a unos pasos, siente que desespera; deserta porque no creyó que fuera tan difícil caminar unos pasos y comienza a decir en su interior "no vale la pena, yo no tengo madera para ser alguien distinto, yo nací así; así me hizo Dios, así me quiere y así me quedaré" (tratando de justificarse y calmando su conciencia cuando es el mismo Dios quien le impulsa en el fondo y quiere, al contrario de su pensar, que lo intente, que no se quede en una simple maceta).

Así, pues, pasar del corredor es cuestión de voluntad más que de "medios"; porque medios siempre habrá, algunos más fáciles que otros, pero siempre habrá posibilidad de "algo mejor", de conocer nuevos rumbos además del corredor. Más, si no existe la capacidad de abordar tales situaciones, de arriesgarse siquiera por abordarlos, difícilmente saldrá de tal situación o entorno actuales. Preferimos "vernos bonitos" ahí en el balcón, que nos cuiden, estacionados... que emprender el propio vuelo (si somos pájaros).

No es malo ser maceta y con ello no pasar del corredor, tampoco es obligatorio trascender pues hay quien se siente bien en su ambiente. Pero tampoco es malo "trascender" y ser capaz de buscar otros caminos, ser independientes, libres en cada pensar. En pocas palabras, de lo que se trata a fin de cuentas la vida, es de que identifiques qué es lo que realmente quieres, cómo quieres vivir, si eres consciente de ello y te hace feliz, es eso lo primordial, pero si no eres feliz, quepa la posibilidad de repensar el estado actual que nos aqueja y el considerar ¿Qué podemos hacer o emprender? ¿hacia dónde más podemos ir?

Si eres flor o planta que el entorno (la maceta) no te limite; y si eres feliz como eres, sólo haz bien aquello que sabes muy bien hacer, brilla lo más que puedas ahí donde estés... Y si Dios te ha llamado a ser "diferente", por más difícil que sea (no hay cosa fácil), arriésgate a "realizarte", a ser feliz sea lo que sea que hagas en el ambiente donde estés: maceta, vantana, balcón, jardín o algo más como el viento si eres pájaro...

"El que nace para maceta..." se refiere, pues esencialmente al necio, al que no está determinado que quede ahí plantado por más placentero que éste se encuentre, al que, a pesar de los medios, se rehusa a cambiar o seguir otros patrones, a esforzarse por algo más y, ligado a este dicho, se encuentran el siguiente: "a oídos necios, palabras vanas", pues el que se "planta" en cierto estatus (o condición) difícilmente escuchará y aplicará consejos por más sabios que éstos sean.

lunes, 4 de mayo de 2020

¿PASTORES O ASALARIADOS?


Homilía del lunes 4 de mayo.
DOY MI VIDA POR LAS OVEJAS
Juan 10, 11-18
-Rvdo. Enric Ribas, Pbro.

Dios, aunque normalmente nos da las cosas por medio de la Iglesia, actúa como quiere y cuando quiere y no está ligado sólo a lo que los pastores de la Iglesia digan sino que va mucho más allá…

Pablo, en los inicios de la comunidad cristiana, le hará ver a Pedro cómo no se puede jugar este doble juego de vivir el cristianismo y a su vez tener respeto por lo que piensen los judíos. Es verdad que aquí vemos con todo esto de Pablo y de los judíos de hoy, cómo la Iglesia primitiva no dudaba para pedir explicaciones al primer Papa: a Pedro, cuando creían que las cosas no las hacían bien, y en algunos momentos, unos tenían razón y otros no; en algunos momentos Pedro defenderá que no tienen razón los judíos cuando le piden esto, y otros momentos le dirá a Pablo que tiene razón cuando le CRITICA porque ha habido una HIPOCRESÍA (incoherencia), no tanto en lo que enseña sino en lo que hace y por eso a veces la CORRECCIÓN FRATERNA de la cual nos habla tanto el evangelio; todo el nuevo testamento como la tradición de la Iglesia y en sí es necesaria.

Pero hay que tener cuidado, una cosa es aquello que creamos que está mal podamos de alguna forma hacer esta corrección (fraterna), y otra cosa es pensar que tenemos razón. A veces nos equivocamos en la corrección fraterna, por eso la autoridad es la autoridad; la autoridad del Papa que ha de escuchar a aquellos que le dicen las cosas para después discernir si realmente aquello viene o no del Espíritu Santo.

En el Evangelio nos encontramos parte de lo mismo aunque desde otro punto de vista, es en el fondo continuación de lo que ayer veíamos respecto al buen pastor, él continúa con es de Jesús BUEN PASTOR.

Dice Jesús “Yo soy el buen pastor, el pastor da su vida por sus ovejas”; el asalariado que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona a las ovejas y huye, y el lobo las roba y las dispersa. Y es que a un ASALARIADO no le importan las ovejas.

San Agustín cuando analiza estos textos tiene todo un tratado sobre EL BUEN PASTOR y los pastores de la Iglesia dirigido a los sacerdotes pero especialmente a los obispos; los hace entender y pone esto como EXAMEN DE CONCIENCIA para los pastores ¿Qué hacemos los pastores? ¿Qué hacen los obispos? ¿Qué hacemos los sacerdotes? ¿SOMOS ASALARIADOS O SOMOS PASTORES?

Pues, como dirá San Pablo también: “No sólo hay pastores y asalariados, también hay pastores que se transforman en lobos” que sólo quieren APROVECHARSE del rebaño… y eso ha pasado en toda la historia y seguirá pasando porque el PECADO entra y quiere entrar en cada uno de nosotros, y cada uno de nosotros es libre de buscar el BIEN o aprovecharse de los demás. Es verdad que cuando nos aprovecha, uno deja de ser libre y pasa a ser esclavo del pecado, pero el fruto de la libertad es que LOS PASTORES PUEDEN FALLAR. Y hay dos tipos de fallos en los pastores; aquellos fallos que son por debilidad humana porque no dan para más, porque no sabemos a veces hacer las cosas; y cuando es por MALICIA; cuando uno se transforma en LOBO. Uno pasa de ser PASTOR a ser ASALARIADO. Entonces cuando se hace, toda la razón de las ovejas cuando se hace y a no reconocer al pastor que tienen porque no es pastor, sólo es asalariado o es lobo…

Viene aquí el sentido de los fieles del cual ya nos habla toda la visión de la Iglesia; hay como un sexto sentido en los fieles de verdad para analizar, para ver el que es pastor y el que no es pastor, aunque hemos de ser muy prudentes en eso porque es fácil también equivocarse, pero el sexto sentido es el sentido de la FE de los fieles, existe y es parte de la obra del Espíritu Santo que actúa en los que viven den GRACIA de Dios…

Y Jesús dice en la segunda parte hoy algo que se refiere precisamente a la primera lectura: “Tengo otras ovejas que no son de este REDIL, también a éstas las tengo que traer y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor” ¿Quiénes son estos? Son los paganos, todos nosotros, los que no somos judíos; la Iglesia pasará a ser una mezcla de los judíos que se conviertan, y de los paganos que se conviertan hasta formar una sola Iglesia, un solo redil, lo que somos nosotros. Pidamos a Dios que nos haga entender la importancia de vivir en gracia de ser ovejas de Cristo, de ver como PASTOR real a Cristo; de pedir a los pastores que sepan dar la vida por sus ovejas.

Mira el video aquí: youtube.com/watch?v=v-PW1YHLBdI

miércoles, 29 de abril de 2020

El original

Mucho creí en la "originalidad" de las personas al grado de creer encontrar a muchas de ellas en la calle. Más, con el tiempo se va uno dando cuenta que no es así y casi puedo asegurar que la "gente original", vive prácticamente en el anonimato (no alabada y deseable como muchos tantos); vive sola y es tornada de diversos nombres de entre los que destaco la palabra "valientes".

Pero ¿A qué le llamo "original"?

Llamo original o "valiente" a la gente que "camina sola" (y no por querer necesariamente estarlo aunque sabe que ésta no es tan mala como los demás creen pensarlo, sino porque aprende a estarlo), mejor dicho, la que sabe "hacer senderos" propios y no sigue la de otros tan gastados por tantas pisadas; la que "forja" y "hace nuevas" todas las cosas, a la creativa, a la que caminan aun con dolor sin darse por vencida y que, a pesar de las críticas o falta de reconocimiento de los demás (lo cual les distingue de los cobardes que no caminan sin apariencia ni adulaciones), siguen caminando... 

Los "originales" hacen caminos y marcan pasos... los que, con o sin "compañía", son capaces de seguir caminando, por eso son muchas veces llamados "valientes" (distinguiéndose de la imprudencia), porque no se resisten a una piedra grande en el camino, a una montaña empinada o escabrosa que les impida hacer "nuevos caminos".

La mente original es prácticamente indomable y, desde un principio, de alguna manera, "sabe lo que quiere" para luchar por este objeto hasta alcanzarlo. 

Se trata de "gente soñadora" pero con los pies bien puestos en el suelo sin desanimarse enteramente o al primer esfuerzo, su sueño siempre será más grande que cualquier obstáculo, esto le diferencia de parecer rebelde por el sólo hecho de querer serlo...

El mundo (en apariencia) se guía mucho de la personalidad "valiente" y "original" y son a estas personalidades a las que siguen y quieren imitar, sin embargo, pocos realmente se visten el traje, los demás son "repeticiones" de éstos y hasta se benefician de los trabajos del valiente.

El valiente u original es "emprendedor" (por lo mismo que es creativo como ya mencioné anteriormente); es capaz de "sembrar" donde incluso no hay nada y la tierra accidentada está bajo el duro calor del sol. Los imitadores se sirven de la sombra y los frutos del árbol que el "valiente" (u original) con gran esfuerzo y sudor ya previamente plantó y, a diferencia del imitador, el original no presume de sus logros, simplemente "lo hace"...

A la mente original le da "igual" lo que los demás se expresen de ella; es más inteligente y ve más a fondo; ve al horizonte a pesar de que, a ciencia cierta, no sepa lo que en el camino se encuentre, más, no se confunda esto con ser apático o indiferente, simplemente tiene sus métodos, su propio toque.

Cuánta decepción me llevé pensando que la gente original toda era; y la gente original no precisamente es siempre "amable", te engañas si crees que ahí la encuentras; al contrario, esta máscara (sin  generalizar) sirve a muchos "perdedores". Y hasta me atrevo a decir que la gente original es percibida como enojona, apática, seria, aguafiestas, etc., a primera vista (y no es que verdaderamente así lo sean) sólo por no seguir lo que todos al momento hacen. No necesariamente siguen estereotipos ya establecidos y son capaces de discernir entre lo que les es o no saludable para su espíritu. Con esto no digo que ser amable sea malo sino que, simplemente, los originales o valientes no tienen "caretas" y, si son amables es porque verdaderamente lo sienten, si no, no serían ya originales.

Ellos son unos "genios", más,  no se confunda esta cualidad con ser "intelectos" porque la verdadera genialidad viene de adentro, del espíritu y, el sólo hecho de estudiar no necesariamente te hace "libre", independiente, creativo, mejor ser humano... peor aún, muchas de las veces la profesión te vuelve esclavo, obrero, soberbio empedernido... cuando te enseñan sólo técnicas y cuando no disfrutas lo que haces, cuando no se es de la vida reflexivo y se busca solamente lo que los demás también quieren, la mayoría de las veces: sólo dinero (aunque muy necesario para el cuerpo humano)...

La mente original sabe hacer más allá de su profesión (si la tiene); no sigue sino que genera; genera un verdadero empleo donde funge como su propio "jefe" ¡bueno, al menos esas aspiraciones tiene! y, al decir jefe, no me refiero precisamente al sinónimo de "poderío" que conlleve soberbia, egoísmo... sino ser jefe en el sentido más pleno: el pertenecerse a sí mismo, ser libre de sus espacios y tiempos para crear y disfrutar lo que, con tanto esfuerzo, logra con esmero... 

Pero esta mente libre no es aún así conformista, no cree en los fracasos a los cuales ni caso les hace; no cree en el éxito como una meta a llegar o una determinada medida, sino que, en todo caso, se trata de un éxito interminable porque para ésta el triunfo ya lo tiene en sus manos desde que "disfruta de lo que hace", y ese es su gusto y su premio.

El original o valiente no precisamente nace sino que, con el paso de los años y, ante la aspereza de la vida, y muchas de las veces hasta sin darse cuenta, cuando menos acuerda, ¡ya están aquí arriba! Es éste el que decide qué hacer con el barro en el que se encuentra y que la misma vida desde chico le ha dado; que decide con éste hacer esculturas o artesanías a diferencia del que decide quedarse ahí solamente embarrado...

El original es como humilde además de valiente; está ya acorazado como el árbol florido que entre más duro golpe reciban, mayor lluvia de flores despide. No necesita de recomendaciones pues esta cualidad es su visa y pasaporte, pero, aunque no la tuviese, no se desanima; sabe que todo conlleva esfuerzo y un poco de tiempo. Siempre es feliz a pesar de todo con esta sabiduría porque los obstáculos para éste no son ocasión de pesar sino, más bien, de reto, reflexión, prueba y de "más a sí mismo conocerse" y que es lo que a fin de cuentas lo único que le importa: su edificación más que el reconocimiento o simple apariencias...

Jesús era uno de éstos... (continuará).


sábado, 5 de octubre de 2019

El infame (Voz de un vagabundo)

Muchos piensan que he muerto y no volveré; muchos me tratan ahora de infame y por eso no se acercan a mí. Muchos que decían ser mis amigos, en realidad, nunca lo fueron porque sólo te vieron en tanto tuve "algo" o fui algo no sólo para ellos sino para y entre los demás (y no me refiero solamente a dinero). Muchos que antes hablaban y cotorreaban conmigo, ahora mucho callan, no sé por qué, por prudencia -dicen ellos- ¿Prudencia de qué? Así hacían los fariseos y letrados en su tiempo con Jesús que, por guardar estatus u otros intereses (diferentes evidentemente a los del reino), a lo que Dios pedía (y no es, por cierto, muy diferente a lo que hoy pide), se resguardaron de su trato. Porque como dice el dicho "es más fuerte la costumbre (el confort) que el amor mismo"; más fuerte lo que vemos que lo que sentimos, lo que creemos o deberíamos mejor creer: en Dios mismo.

No saben estos "muchos" que es más la paz y tranquilidad que da el "no ser reconocido" porque este reconocimiento que algún día tengas por los hombres, tarde que temprano "se irá", no más de tres generaciones como sucede entre la gente "normal" (que se gozó de este mundo para sí mismos y no sirvió a los demás).

Cuántos que sirvieron en anonimato, cuántos hay hoy día en este momento, en este mismo instante: tantos santos y santas que dan la vida sin ser recompensados y reconocidos y, donde, en todo caso, surgimos nosotros gracias a su entrega desinteresada, fervor y coraje por la vida como, por ejemplo, la mamá misma, o personas que trabajan en hospitales o, simplemente, gente marginada que no tiene malicia que se aprovechan de ellas día a día en las cárceles o en los trabajos, son explotadas y aguantan sin decir, porque no saben hablar pero necesitan el trabajo... y aún así más nobles se vuelven, no maldicen o se mezclan con esa gente que pisotea sino que aprende a "no ser como ellos", siguen a sus Dios y se aferran con mucho mayor ahínco porque tienen por qué o "por quien vivir"; que con más fe cada vez y más fuerza, de ahí salen incluso muchas vocaciones y que para "muchos" es llamado "miseria" sin saber que es mi miseria más grande la que provoca éstas por "no hacer nada" e ignorar tales situaciones... y así podría dar muchos ejemplos de tanta gente diario que "nadie les hace caso" sólo porque, en apariencia, "no son importantes", no para la mayoría de nosotros pero, para Dios ¿Tampoco? Es "la cultura del descarte".

¿Qué tienes tú que ignoras tan sencilla, simple y rápidamente? ¿Ignoras al ignorante? ¿Quién será realmente el que ignora, no sólo personas sino cosas, instantes...? ¿Qué tienes que te haga mejor o más grande si todo lo que tienes viene de Dios? o ¿A caso no eres creyente? ¿Quién es el más grande a los ojos divinos? Él ya lo dijo: "el humilde, el que se abaje para escuchar; el que se haga más pequeño con "sus pequeños" y se atreva a jugar con su hermano, me refiero a disfrutar la vida con él cual unos niños inocentes, ingenuos que se deleitan sólo de la presencia de su Padre y eso les basta: vivir cada día en su presencia "el instante".

A tí que me ignoras pues, si tanto te importan los status y, en ese sentido, quién es cada quien ¿te has puesto a pensar profundamente quien realmente soy además de, quizás, ser la horma de tu zapato, alguien molesto o insignificante? ¿No seré yo Dios en tu camino pidiéndote algo, me refiero a una prueba donde deba salir victorioso tu corazón compasivo, humilde, paciente...?

Muchos piensan, pues, que he muerto y, porque soy infame, así como un día Jesús llegó a ser en la cruz, ya por eso "no valgo". Pero estoy más vivo de lo que creen, estoy en la calle y a diario me topo contigo a veces desde lo más insignificante en apariencia y que es eso precisamente que tomas para sentirte más grande, lamentablemente no ayudando, sino comparándote aún más con tus hermanos, conmigo, como si de tí, todo lo obtenido, lo "ganado" -dicen-, de tí viniera estrictamente hablando, olvidando que fue tu fe en Dios la que te ha impulsado a estar donde ahora estás o has estado. Eres un don divino.

Recuerda, pues, que "no es en el éxito" donde nos gloriamos, ten cuidado de estacionarte en este mundo. Es, al contrario, desde "el fracaso" de la cruz donde reflexionamos la vida, donde se dio muerte a la apariencia, avaricia, soberbia, ego... porque Jesús no vino en esencia a predicarse a sí mismo sino a ser portador de la Palabra que da vida; la de su Padre al que amaba tanto: la del amor mismo. Esto era lo más importante para él y lo vivió y se desvivió por hacerlo presente. 

Y es así como en la cruz sólo mataron su cuerpo (lo que se ve) pero no su espíritu (que se siente) que estaba tan radiante por tanto bien haber vivido, haber amado intensamente aunque le dieron un fin "infame" y "muchos" se gloriaron de su muerte, pero "muchos" otros lo vieron con ojos "compasivos", como reflejo de su situación y se compadecieron de aquél que se identificó primero con ellos, del que se compadeció como nunca antes nadie lo había hecho con ellos: los ignorantes, pobres, mujeres, ricos, recaudadores... todos los marginados de la sociedad de aquellos tiempos y, al parecer y lamentablemente, aun hoy mismo; de la sociedad; de aquellos "muchos" que hacen, no la "diferencia" sino la "distinción" (división) entre los que, para ellos, más, o menos "valen".

Hoy ya muchos no creen "por lo mismo". Porque nuestra presencia no hace presente a aquél que dijimos un día que "conocimos": a Jesús de Nazaret que hoy dia todavía muchos buscan en su vida para darse sentido y piensan que no ha llegado el mesías y siguen sufriendo "solos" las implemencias de la vida, de los poderosos, de los gobiernos, de la sociedad misma en la que participo yo.

Muchas cosas y situaciones de la vida cada día nos hacen olvidarnos de Jesús mismo, de que existe y muchos que dicen haberle visto, llega un día en que otras situaciones o status les hace perder la memoria, el conocimiento; se va desvaneciendo la figura de aquél hombre que un día vio pasar y le invitó pobremente a una misión específica, no a predicarse así mismo o "acomodarse" sino a servir a los demás con lo que tiene y está viviendo.

Es así como muchas veces Jesús se nos vuelve "infame": ¡No le conocemos! decimos, y no me refiero sólo a la palabra sino de "testimonio mismo".

Muchos piensan que he muerto, pues, y que no volveré. Ese es el peor de los casos, que nos estemos durmiendo, que no creamos, que nos acomodemos a este mundo pero realmente seamos unos obreros, no sólo perezosos sino hasta rebeldes y soberbios que ya no le interesa creer en que algún día vendrá su patrón, aquel que un día les confió algo importante: su viña, la de sus hermanos que tiene que administrar en el buen servicio ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si se pierde a sí mismo? (Mt 16,26). "No seaís irracionales como caballos y mulas cuyo brío hay que domar con bozal y frenar [simplemente] para poderse acercar" (Salmo 32,9).

lunes, 19 de agosto de 2019

La esencia de la verdadera ley


“No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a Él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina…” (Misericordia et misera No. 11).

Con estas palabras el Papa Francisco hace énfasis a algo mucho más grande que la ley misma recordando que, aunque la ley existe para dar orden, ésta está a merced del hombre mismo y no al revés tratando de procurar siempre el bien de todos en su conjunto, es decir, es válida siempre y cuando ésta dignifique a los hombres.

La ley no es perfecta a pesar de ser necesaria. Sólo nos da un parámetro de cómo movernos y comportarnos en base a experiencias vividas de los hombres.

El mundo está en constante evolución y es por ello que la ley también no es eterna ni existen parámetros universales exclusivos que rijan a toda sociedad de un mismo modo siempre.


La ley debe ser siempre sinónimo de “bien”. Así, dondequiera que haya parámetros a seguir en una cultura, sociedad… debe ser siempre procurando el mayor bien entre sus individuos, de otro modo estaremos hablando de “leyes precarias”, egoístas que sirven sólo a intereses de unos cuantos.

Cuando la ley (humana) se corrompe, es decir, que ya no sigue los parámetros de procurar siempre el mayor bien entre sus individuos y sirve sólo a unos cuantos, ésta, desde mi punto de vista, ha perdido su esencia principal.

La ley humana pues, como vemos, es más corruptible que la ley divina; me refiero a la ley del amor, de los valores que nunca pasarán de moda. Es esta ley del amor y es la que por siempre ha trascendido a través de la historia de la humanidad. La ley humana sin Dios (sin amor) es defectuosa y más propensa a corromperse…

“Un sábado mientras [Jesús] atravesaba unos campos de trigo, sus discípulos se pusieron a arrancar las espigas. Los fariseos le dijeron: -Mira lo que hacen en sábado: ¡Algo prohibido! Les respondió: -¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros pasaban necesidad y estaban hambrientos? Entró en la casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, comió los panes consagrados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y los compartió con sus compañeros. Y añadió: -El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. De manera que el hijo del hombre es Señor también del sábado.” (Mc 2, 23).

En este ejemplo, la ley permitía calmar el hambre cortando espigas al pasar por un sembrado excepto el sábado. Jesús, para discernir cuando una ley es opresora o liberadora toma como criterio al ser humano. Ninguna ley, pues, palabra o acción que lo oprima, margine o excluya puede tener el respaldo de Dios; precisamente porque Dios es amor y, hombre que no ama, no tiene a Dios y se convierte en opresor.

A veces las leyes, analizándolas en su profundidad, resultan por demás “absurdas” y descubrimos que van perdiendo su esencia de “humanidad”. En este caso, ante la ley judía, podríamos preguntarnos y, tomando como criterio al ser humano ¿A caso el hombre (sobre todo forastero) no come el día sábado? ¿Querrá Dios que el hombre muera por tener la mala fortuna de tener hambre el día sábado? Dios no quiere la muerte del hombre sino que viva y se salve.

Digo todo esto, pues, porque la ley debe ir en aras a eso: dignificar al mismo hombre. Esta es la ley que avala Dios (amor) y donde incluso ejerce su misericordia cuando ésta ley humana no alcanza. Dios es más que la ley humana, el juez supremo.

Y digo esto sin afán de rebeldía pues la ley existe por algo y es necesaria. No se trata de abolir la ley sino de darle plenitud; la plenitud del amor, el sentido por el que debería de existir: el amor y dignificación del hermano. “No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir sino para cumplir […] Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos [escrupulosos de la letra], no entrarán en el reino de los cielos” (Cfr. Mt 5, 17ss).
Así pues, la ley también puede resultar cómoda al quedarse en el mero cumplimiento de ella sin esfuerzo de reflexión siempre. Peor aún, cuando de antemano esta ley significa resguardar intereses propios aun con apariencia de “servicio”. De ahí que toda ley hecha sin amor, literalmente, “no sirve” para servir (dignificar).

Sin Divisiones

Le ley principal, pues, siempre será en base a un precepto primordial: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn 13,34). Pues quien ama a su hermano siempre querrá servirlo, pero un patrón querrá siempre ser servido.

Cuando es la ley del amor el principal en la vida del hombre desaparecen incluso divisiones, prejuicios; desaparece el obrero y surge el amigo, mejor aún y, yendo más allá, surge el hermano “Ya nos os llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su Señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché de mi Padre” (Jn 15,15).


martes, 19 de marzo de 2019

Solitariedad


Los fugitivos

La tentación del –hoy más que nunca- es la superficialidad, es decir, el vivir en la superficie de sí mismo. En lugar de enfrentarse con su propio misterio, muchos prefieren cerrar los ojos, apretar el paso, escaparse de sí mismos, y buscar el refugio en personas, instituciones o diversiones.
En lugar de hablar de SOLEDAD, podríamos hablar de INTERIORIDAD. Y aquí repetimos: cuanto más interioridad (soledad), más persona. Cuanto más exterioridad menos persona. Llaman personalización al hecho de ser uno mismo, alguien DIFERENCIADO.

Y el proceso de personalización pasa por entre los dos meridianos de la persona: soledad y relación. Pero será difícil relacionarse profunda y verdaderamente, con los demás, si no se comienza por un enfrentamiento con su propio misterio, en un cuadrante inclinado hacia el INTERIOR de uno mismo.

Nunca fueron tan vigorosos, como hoy, los tres enemigos de la interioridad: la distracción, la diversión y la dispersión. La producción industrial, la pirotecnia de la televisión, el vértigo de la velocidad.


Es más agradable, y sobre todo, más fácil, la dispersión que la CONCENTRACIÓN. Y ¡he ahí al hombre, en alas de la dispersión, eterno fugitivo  de SÍ MISMO, buscando cualquier refugio, con tal de escaparse de su propio misterio y problema!

Los fugitivos nunca aman, no pueden amar porque siempre se buscan a sí mismos; y si buscan a los demás no es para amarlos sino para encontrar un refugio en ellos. El fugitivo es individualista. Es superficial. ¿Qué riqueza puede tener y compartir? La riqueza está siempre en las profundidades.
Existe un poco de amor porque se vive en la superficie, igual en la FRATERNIDAD que en el MATRIMONIO. La medida de la entrada en nuestro propio misterio será la medida de nuestra apertura a los hermanos.

Nuestra crisis profunda es la crisis de la EVASIÓN. Escapados de nosotros mismos, vivimos escapados, también, de los hermanos. Es preciso que el hermano comience por SER PERSONA, es decir, comience por enfrentarse y aceptar su propio misterio.


P. Ignacio Larrañaga, del libro "Sube conmigo"