"Sólo existe una lengua en la ciudad de Dios, la lengua del amor. Los que hablan mejor, hablan en silencio"
(Thomas Merton).
El testimonio es el que mejor habla de nosotros, no tanto las palabras.
Les comparto este espacio donde plasmo mis vivencias y pensamientos respecto de la vida misma y lo que nos rodea, siempre tratando de rescatar su esencia, la esencia del ser humano. Espero les guste, lo hago con mucho cariño. Este blog también es tuyo, sé Bienvenido, disfrútalo, compártelo y gracias por escribir conmigo!!
"Sólo existe una lengua en la ciudad de Dios, la lengua del amor. Los que hablan mejor, hablan en silencio"
(Thomas Merton).
El testimonio es el que mejor habla de nosotros, no tanto las palabras.


Hoy es una fecha conmemorable para la gran mayoría de personas y, para algunas otras quizás, un aniversario que pasará desapercibido y con aires de indiferencia...
Yo podría ser una de éstas últimas personas, sobre todo porque, aunque ya había nacido en el momento de los sucesos, mi poca edad me impedía hacer conciencia por completo de lo que estaba aconteciendo. Pero, al pasar de los años, y cada vez que veía los relatos de los hechos en cada aniversario, esta pequeña, casi nula conciencia con que contaba en mi pequeñez, se fue acrecentando cada vez más al grado de fortalecer más el sentimiento de empatía y solidaridad por los afectados...
Este suceso fue sin duda "terrible" por un lado al saber que dejó muchas víctimas mortales, pero, a la vez, fue también una "oportunidad" para mostrar nuestra humanidad porque, como dicta la frase: "nunca se es mejor amigo (y hermano) que en la dificultad", así mismo se dejó ver tal espíritu solidario entre los mexicanos.
Este tipo de situaciones, por supuesto, nos dejan un sabor amargo, con sentimientos de angustía, dolor, coraje, impotencia... pero también, por otro lado, nos llenan el corazón de esperanzas al probar nuestra capacidad de respuesta y solidaridad ante las necesidades humanas; nos llena el alma el hecho de saber que, a pesar de la dificultad, se "tiene un hermano con quien contar"; que exista alguien dispuesto a ayudar y se ofrezca empática y desinteresadamente por la causa.
Creo que este es el milagro principal: la flor de la esperanza que de entre las cenizas brota con mucho entusiasmo, el milagro de la solidaridad.
No sé qué conmueve más, si el hecho de ver a gente arruinada, sin casa e, incluso con familiares muertos y perdidos; o el hecho de ver a tanta más gente que, ante la catástrofe, se organiza para ayudar a su vecino buscando entre los escombros aún en contra de toda esperanza de vida...
Me encontraba hoy viendo un reportaje de testimonios a este respecto y son realmente sorprendentes los frutos que de ahí se rescatan. Primero, el acto de la solidaridad como ya mencionaba que de fondo conlleva un profundo sentimiento de compasión y hermandad hacia el hermano que sufre, y el hecho de que este profundo sentimiento lleve a dar lo máximo de sí por ayudar a sus semejantes en días en que incluso para muchos, parecía ya hasta perdido...; y segundo: los milagros tangibles como el caso de los llamados "bebés milagro" rescatados entre las ruinas de un hospital, y no sólo uno, sino más de doce...; o el caso de los sobrevivientes que fueron rescatados después de varios días a pesar de los peores pronósticos que de éstos se tenían; no había para muchos esperanza de encontrar más vida y, sin embargo, las "corazonadas" junto con el entusiasmo de la fe y esperanza por encontrar más vida, provocaron el milagro de encontrarlas...
En conclusión ¿Qué de bueno sacamos de estas experiencias? Nada más y nada menos que el del espíritu de la verdadera hermandad que conlleva la solidaridad ante las dificultades de la vida diaria.
Mucho nos duelen estas circunstancias que inesperadamente nos aquejan, pero mucho más nos alivia el sentirnos acompañados, alentados, ayudados, por la mano de un, ya no se diga amigo, sino ahora hermano...
Son eventos que, a pesar de su carácter de desastre, nos dejan muchas enseñanzas e, incluso amistades. Es un pasaje donde nos recordamos ya no como individuos rutinarios y extraños que pasan desapercibidos en la vida diaria, sino como un hermano más que se descubre y solidariza en la adversidad; un desconocido que se convierte en mi hermano de vida capaz de tender la mano cuando se necesite... ese es el verdadero espíritu que se deja ver ante las catástrofes inesperadas que, de otro modo quizás, no habríamos sido capaces de identificar...
Y es esto precisamente lo que debemos recordar cada año: que no olvidemos ese espíritu solidario que brote no solamente en las grandes calamidades sino que se vaya siempre alimentando día a día en pequeñas obras como las palabras del Evangelio de Lucas nos lo recuerdan: "el que es fiel en lo poco, [será] fiel en lo mucho" (Lc 16,10).

Hace días encontré un video en Youtube que me llamó mucho la atención. Se trataba de un muchacho coreano sosteniendo un cartel enorme con la siguiente leyenda: "hoy me suicidaré ¿Qué me dirías?"
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| Chica invitándole una bebida tratando de hacerlo sentir mejor y evitar con ello que tome una mala decisión |
Un mundo que se preocupe por las personas. Lo que de veras quiero decir es que necesitamos crear un mundo en que las personas se preocupen auténticamente las unas por las otras.
Y así como
hemos de tomar en serio la necesidad de hablar de una forma inclusiva, así
también hemos de tomar en serio la responsabilidad de una preocupación
inclusiva. Esto equivale a decir que no hemos de escoger a algunas personas
para preocuparnos de ellas. Tenemos que preocuparnos por todos aquellos que Dios
ha puesto cerca de nosotros –hasta donde el tiempo y los recursos nos lo
permitan.
Antes de realizar un sueño, necesitamos soñarlo. Me parece que, si vamos a preocuparnos auténticamente por las personas, hacen falta tres actitudes:
1) voluntad para dialogar con aquellas personas con quienes no siempre estamos de acuerdo.
2) profunda compasión (habilidad para penetrar en los sufrimientos de las otras personas).
3) Deliberada posición de no-violencia en todas nuestras relaciones. Estas actitudes nos
darán la capacidad de “caminar en presencia del Señor en la tierra de los vivos”.
Esta es la forma de tratar con las personas que encontremos “en la tierra de
los vivos”.
El diálogo se refiere primeramente a lo intelectual, especialmente cuando tenemos diferencias con las personas sobre lo que hemos de pensar o sobre la forma de actuar. La compasión se refiere primeramente a una actitud del corazón, que se expresa ante los necesitados, sin tener en cuenta nuestras posibles diferencias con ellos y su manera de pensar. La no-violencia hace que nuestro amor sea incondicional.
Recordemos que, cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó. Ese velo había sido colocado ahí para separar el lugar santísimo (la parte de Dios en el templo) del lugar santo (la parte humana del templo). Necesitamos arrancar los velos que separan a Dios de su creación, y la creación, de Dios. Necesitamos quitar también todos los engañosos velos que nos separan los unos de los otros, para que así podamos tener conciencia de que somos una sola cosa con los demás. Necesitamos rescatar al mundo del "apartado espiritual"...
(Continuará). No olvides dejar tu reacción o comentario.
Dios perdona y es misericordioso, sin embargo, las consecuencias de nuestras acciones perduran. El corazón malo de una persona difícilmente cambiará a menos que sufra una metanoia.
Pero ¿qué es metanoia?
Este concepto de origen griego describe un cambio radical, es decir, una transformación total. Si buscas en internet encontrarás a primera estancia que ésta "denota una situación en que en un trayecto ha tenido que volverse del camino en que se andaba y tomar otra dirección, también retóricamente utilizado para retractarse de alguna afirmación realizada, y corregirla para comentarla de mejor manera".
En este sentido se aplica a las personas que cambian totalmente su manera de proceder para bien sus acciones e, incluso su personalidad y carácter de repente ya no son los mismos.
Sí, es como si se metiera otra persona en su ser, alguien distinto del que antes era. Pero tranquilos, no estoy refiriéndome a una posesión como tal. En el cristianismo nos referimos más bien a una conversión total y radical de la persona una vez que experimenta un encuentro profundo con alguna experiencia o alguien, en este caso, con Dios. Es decir que si esta persona, antes era grosera, violenta, desastrosa, odiosa… y de repente (bien podríamos aplicar el dicho “de un día para otro”), es totalmente lo contrario: más atenta, cariñosa, amorosa, etc., hasta causará asombro y sospecha pues no se puede creer que una persona de buenas a primeras cambie tan rápido, ¡bueno! no es que sea imposible sino que rara vez vemos estos cambios, es muy difícil verlos y experimentar ese encuentro tan profundo que nos permee y cambie, más eso no quiere decir que no sucedan.
Ciertamente no es lógico este cambio para muchos, pero no, tampoco es imposible, y tenemos ejemplos en la biblia.
La conversión de San Pablo.
El hecho más conocido es el de Saulo (ver Hech 9) quien posteriormente será conocido como San Pablo, perseguidor acérrimo de de los discípulos de Jesús: "Saulo, respirando amenazas contra los discípulos del Señor..." (Hch 9, 1) y quien posteriormente, después de una visión con la voz de Jesús, se convirtió en el más fiel misionero y proclamador de éste por el resto de su vida, y tal fue su conversión que estuvo dispuesto a todo por la causa de Dios y su mensaje. Así, sufrió desprecios, burlas hasta llegar a dar incluso la vida misma. Ya nada más le importó después de conocer a Jesús más profundamente; y fue tal su fervor que manifiesta su entrega en una carta a los Romanos en medio de un ambiente tan hostil que se vivía en aquél entonces: "¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? [...] en todas estas cosas salimos más que vencedores" (Rom 8,35). Cuando existe una convicción real se es capaz de superar las pruebas más duras.
Esta metanoia (o cambio radical) implica toda una aceptación y compromiso para con la causa o persona amada. En pocas palabras, hubo un cambio porque hubo amor.
En el caso de Pablo, esta conversión (que por cierto esta otra palabra se equipara a la de metanoia) fue posible gracias a este encuentro tan profundo con Jesús, más no sin este elemento llamado amor que fue capaz de cambiarlo por completo, hasta la raíz de su ser.
Por ende, una persona que experimenta el amor pleno es capaz de dar hasta la vida, de hacer cambios importantes porque ya se siente identificado con la causa, un proyecto o persona la cual se estima en demasía.
Metanoia es, pues, una conversión de
vida, y esta conversión se manifiesta en todo
nuestro ser incluyendo nuestras actitudes. Uno puede decir que cambia, o
que ya no hará tal o cual cosa que ofendió o hizo algún daño a alguien, y puede
que lo cumpla por un buen tiempo, sin embargo, si pasado este lapso, vuelve a
recaer en las mismas acciones perjudiciales, podemos decir que no hubo una
verdadera conversión o metanoia desde el interior. Así, puedo cambiar algunos
elementos de mi personalidad, sólo algunos, pero seguir siendo el mismo… Metanoia implica a toda la persona con todo su ser;
implica un cambio desde las raíces, no se trata solamente de un deseo
superficial o de tener la “buena intención” para con lo bueno, para con Dios
(si es que verdaderamente le buscamos a Él). Implica un cambio de mente y
corazón, implica sacrificios y aceptación de, incluso, remar contra corriente
si es necesario por defender aquello con lo que se ha comprometido en cuerpo y
alma, es decir, con todas las fuerzas, porque llega a ser nuestro sentido último.
De ahí que, este cambio se muestra posteriormente con acciones y no sólo de palabras; de acciones extremas que, lejos de hacer desertar, fortalecen más esa convicción como San Pablo que, en otras de sus cartas llega a expresar: “[…] me han nombrado predicador, apóstol y maestro. Por esa causa padezco estas cosas, pero, pero no me siento fracasado, porque sé en quien he puesto mi confianza” (2 Tim 1,12). Tiene una convicción tal que ninguna dificultad le hace desanimarse al grado de querer abandonarlo todo; sabe bien en quien confía, y ese alguien es su fuerza, aliento y esperanza. En este caso, ha experimentado el amor de Dios en su máxima expresión que cree que ningún sufrimiento en la tierra es suficiente para apartarle de este sentimiento sublime.
¿Qué es esta metanoia, pues? algo extremo y extra-ordinario diría yo, y detrás de ésta se encuentra la Misericordia de Dios que no es otra cosa también que "amor al extremo", un amor tan profundo que el mismo Saulo no fue capaz de resistir.
"Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras" dicta la cita de Santiago (St 2,18) que no es otra cosa que mostrar el amor con acciones, y desde donde se hace tangible tal prodigio de la conversión; del amor mismo experimentado en carne propia al grado de transformar sobremanera a la persona en todo su ser.
Este "cambio" (o metanoia= cambiar de meta) es similar a encontrarse un tesoro o, en términos más actuales, a sacarse la lotería. Cuando esto sucede, la persona no puede ocultar su alegría y quiere contarlo a medio mundo, y, aunque no hiciera uso de palabra alguna, su alegría se deja ver a kilómetros.
Es decir que, una metanoia no se puede esconder; es un acto verdaderamente evidente y sorprendente en el grado de no poder creerlo.
La Biblia está llena de ejemplos al respecto. Basta ver los milagros que Jesús obró en vida con las personas y que no es otra cosa que un encuentro muy profundo con Él. Él hacía a los demás sentirse acogidos, escuchados, atendidos... en pocas palabras, amados, y con lo cual revolucionó la visión tan reducida que tenían los judíos respecto de un Dios muy lejano y exclusivo. Jesús vino a manifestar algo tan sencillo: el amor es para todos, Dios es amor, y todo el que ame será feliz, lo cual es equivalente a abajar a Dios a nuestros terrenos, un Dios de los excluidos y marginados no sólo de los ricos y letrados... esa es la gran novedad.
El hecho, pues, de experimentar tal acogida (sentirse amado), es lo que produce tal conversión (metanoia), un cambio de rumbo radical que implica de antemano una reflexión y amor tan grandes respecto al amor que el Padre nos tiene y nos ha dado, y del cual no nos sentimos siquiera merecedores: "Me pondré en camino a casa de mi Padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros" (Lc 15, 18), además de un reconocimiento ante lo majestuoso, ante la grandeza o prodigio divino: "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?" (Lc 1, 39) y que, por supuesto, detrás de todo este reconocimiento se encuentra una gran fe ante lo supremo.
Es en este último punto que nos hacemos conscientes de nuestra condición de servidores, hijos de un mismo Padre. Más, no cualquier Padre, sino uno amoroso, justo, misericordioso, de aquél que tiene poder incluso para destruirnos, despedirnos, desheredarnos, y sin embargo, no lo hace, no quiere. Nos reconocemos menos ante la grandeza de lo divino, y nada más divino que el mismo amor que, experimentado en su máximo esplendor, recae en una total conversión (metanoia).
"Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías" (Nican Mopohua, relato del Indio Juan Diego ante la presencia de Santa María de Guadalupe), En este caso, Juan Diego no se siente digno de tan grandes prodigios o encargos de parte de Dios lo mismo que San Pablo una vez converso; que el hijo prodigo cuando recapacita y no se siente digno de volver como "hijo" y, sin embargo, el Padre le ama con esa misma dignidad... Y así, vemos muchos ejemplos, sobre todo en la vida de los que llegaron a ser santos gracias a este reconocimiento tan profundo del amor de Dios Padre...
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