domingo, 11 de octubre de 2020

La verdadera fe

 "Sólo existe una lengua en la ciudad de Dios, la lengua del amor. Los que hablan mejor, hablan en silencio" 
(Thomas Merton).

El testimonio es el que mejor habla de nosotros, no tanto las palabras. 

Cuentan que San Francisco de Asís le dijo a un discípulo que lo acompañe a un pueblo a predicar. El discípulo aceptó entusiasmado con la posibilidad de aprender a predicar. Sabía que tenía que aprender a llegar a las personas hablando sobre la palabra de Dios.

Durante todo el día, San Francisco se paseó por las calles del pueblo, atendiendo las necesidades de los pobres y desamparados. Ayudó a la gente enferma, dio de comer a las personas con hambre y hasta ayudó a construir una vivienda para una persona muy humilde.

Cuando estaban de regreso, muy cansados, el discípulo estaba decepcionado porque San Francisco no había predicado ni se había dirigido públicamente a los feligreses. El discípulo que quería aprender a predicar se sentía muy frustrado. Lo miró a San Francisco y le dijo:

- Maestro, pensé que íbamos a predicar en este pueblo.

- Hijo mío, claro que hemos predicado, pero no con palabras sino con el ejemplo. Quizá no te diste cuenta, pero nuestra conducta era observada por muchos. No tiene ninguna utilidad predicar sobre las palabras, a menos que hagas eso que predicas, respondió con cariño San Francisco.

¿Por qué es tan difícil predicar con el ejemplo? Hablar de lo que uno hará en el futuro es fácil. Sólo se requiere soltar las palabras de la boca. Nuestro ego se infla con todas las cosas buenas que supuestamente hacemos. Pero hacer las cosas en la realidad, requiere de trabajo arduo, disciplina, paciencia, muchos sacrificios, cambio de hábitos y sobre todo humildad. Tampoco existe un beneficio para el ego, los resultados son más bien para Dios, en Dios y por Dios, por quien trabajamos. Nosotros sólo somos instrumentos, de ahí la humildad en tal reconocimiento. Además, los logros le tocan a Él, los cuales pueden ser a mediano o largo plazo según le plazca.

Nuestra conducta, pues, habla más que nuestras solas palabras.

A veces pensamos y queremos hacer grandes sacrificios para que, de la noche a la mañana se logren grandes cambios sin darnos cuenta de que el verdadero cambio o sacrificio, el testimonio, se va dando desde el trato diario con los demás y la naturaleza, desde las cosas sencillas.

Frenarme de decirle algo feo y sin sentido a quien "me cae mal" por tal de no propiciar palabras que no llevan a ningún acuerdo y sí a la violencia, es un sacrificio genuino que vale la pena intentar. Y este sacrificio, aunque no lo creas, ya es un producto de la fe y la oración ya que no es fácil refrenarse uno mismo sin la ayuda de Dios.

Así, de nada me sirven los ritos religiosos a las que participo si no soy capaz de seguir reglas de convivir en familia o comunidad en paz; si soy grosero, rebelde, o me importa un comino lo que el otro (a) piense; en pocas palabras, si no soy siquiera respetuoso y, con ello, falto por supuesto a la caridad; si quiero hacer sólo lo que a mi me apetece por sólo placer o capricho. Este no es el verdadero sacrificio que Dios quiere en aras a propiciar mayor paz en mi comunidad.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que la fe se traduce en obras como lo señala en la biblia la carta de Santiago "¿Tú crees que existe Dios? ¡Muy bien! También los demonios creen y tiemblan de miedo [...] Estás viendo que la fe se demostró con hechos, y por esos hechos la fe llegó a su perfección." (St 2,18.22).

Por tanto, la sola creencia no basta, me refiero a la fe, la cual se ve cuestionada por la falta de obras, de testimonio. Es por ello que, por más que yo diga tener mucha fe y creer en un Dios de amor supremo, esta fe sólo será válida en los hechos, desde el mismo trato con los demás.

En pocas palabras: "la fe se vive, no sólo se predica".

viernes, 9 de octubre de 2020

Mes del rosario

En este mes del rosario, como su nombre lo indica, se nos quiere inducir a adquirir esta virtud de la oración mediante esta devoción especial e importantísima a nuestra Madre Santísima María. 

De por sí, no deberíamos vivir sin el auxilio de la oración diaria, con mayor razón se hace necesaria tal actitud de humildad reconociendo que "sin Dios nada podemos", de ahí la importancia de la oración ante las dificultades diarias de la vida y ¡qué mejor que por la intercesión de nuestra Madre Santísima María!

He aquí una de tantas opciones en que, lamentable y paradógicamente, ante la gran cantidad de opciones en los medios de comunicación de las que hoy gozamos, no las aprovechamos en favor de nuestra espiritualidad; muchas personas permanecen por demás indiferentes y, suele suceder que las que tienen acceso a tales medios, no les interesa involucrarse y llenar su espiritualidad de las cosas de Dios más que las del mundo. A veces son más devotas aquellas que no tienen acceso (sin generalizar). Ojalá seamos de esas personas (que ojalá se multipliquen) que sepan aprovechar los medios masivos para recrearse y llenarse de Dios ya que, hoy más que nunca, ante la facilidad de los medios, hay menos pretexto para nutrirnos espiritualmente. 

He aquí, pues, como digo, una de tantas opciones que pueden encontrar en internet para seguir el rezo del santo rosario en favor de la humanidad y en contra de tantas cosas adversas que nos afectan hoy día de manera especial como es el caso de la "pandemia".

Santa María, Madre de Dios ¡Ruega por nosotros!

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Luz y sal


"Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea.

Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo." (Mt 5, 13-16).

Este texto es muy característico porque invita a "dar testimonio"; a ser sal en un mundo sin sabor, y a ser luces en un mundo que camina en las tinieblas.

También hace alusión a los dones y es un llamado también a "ejercerlos" porque ¿De qué sirve ser sal si no damos sabor? o ¿Ser luz si no alumbramos? 

Estamos llamados, pues, a "dar testimonio"; a hacer presente el amor del Padre en este mundo caótico con nuestro proceder: "para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo." (v.16). 

Estamos llamados a "ser santos" en ese sentido, pero ¿Qué significa esto? Significa hacer de lo ordinario algo extraordinario.

Lo ordinario todo mundo lo hace y lo está haciendo en estos momentos. Tenemos así mucha gente ordinaria en nuestra sociedad: corruptos, estafadores, ladrones, violentos, avarientos, indiferentes, etc. Cosas por demás muy comunes y ordinarias en nuestra vida, tan comunes que muchas de las veces pasan desapercibidas cual si fueran "normales", disfrazadas de legalidad, orden y hasta bondad...

Estamos llamados pues, a ser esa diferencia; a ser extraordinarios en un mundo por demás tan ordinario; a no seguir la corriente a la maldad y al pecado que, muchas de las veces llegan a parecer hasta algo virtuoso y normal. Recordando que no porque la mayoría apruebe acciones, significa que éstas sean correctas.

En este texto Jesús nos invita a remar contra corriente, contra el mundo del desorden, a denunciar las injusticias y no aprobarlas, es como una invitación donde no aprobemos acciones que no dan vida, que son incorrectas por más que la gran mayoría las apruebe.

Hay, en este sentido, valores que provienen de Dios y que nunca cambiarán, mismos que dan sentido a nuestra existencia. Se trata de la ley perfecta de ese amor divino hacia nosotros...

Dar testimonio, pues, como ya acabo de mencionar, implica ir contra corriente de lo malo, recordemos también que "No todo lo que nos apetece necesariamente es bueno, ni todo lo que no nos apetece a primera instancia al menos, es malo". Por ejemplo, la oración no es mala; hace mucho bien aunque en un principio no nos apetezca pero ordena nuestro espíritu y la relación con el Dios de la vida pidiéndole que nos guíe ante nuestra "poquedad" de humanos y frágil inteligencia. Por otro lado, tantas cosas placenteras que nos rodean y persuaden pero que, sin embargo, no son garantía de darnos valores y sentido, de hacernos mejores seres humanos. Al contrario, nos dejan un vacío extremo porque no está Dios en ellos, y es que, el Dios de vida nos impulsa a servir, a donar la propia en favor de los demás. Ese es el sentido, el Dios (amor) que seguimos...

Llega un tiempo en que nos vemos envueltos en controversias que hacen dudar y tambalear nuestros valores. Por ejemplo, de tantos que apoyan y dicen que el aborto no es malo, llega uno a pensar si de verdad, lejos de estar defendiendo la vida ¿estamos negando un derecho humano de la libertad de decidir de la mujer como ellos argumentan y aseguran? Creo que todos tenemos derechos y libertades siempre y cuando no afectemos la vida de otros seres las cuales no nos pertenecen. Sólo pongámonos en lugar del otro ser. En todo caso, el culpable (de la situación por la que se halla dado) no es el bebé; el problema de tales situaciones vienen más de fondo, desde la sociedad misma y no del individuo como tal. Todos somos de alguna manera responsables por las vidas humanas... (En otro apartado daré mi opinión al respecto de este tema y movimientos feministas actuales). Por mencionar sólo un ejemplo de los problemas que aquejan hoy a nuestra sociedad y amenazan la vida, a nuestras familias en sus valores más profundos.

Ser luz, pues, implica saber iluminar el camino de otros por más terregosos o accidentados que sean, nos toca iluminar la verdad y no guiar por senderos oscuros y en apariencia rectos pero que quizá no nos lleven precisamente a "dar vida", a dar sabor, sentido a la humanidad... Nos toca, en este sentido, aconsejar, dar pautas, guiar a la mejor conciencia y, muchas de las veces, también contradecir...

Muchas de las veces (si no es que siempre), hacer las cosas extraordinarias implicará dolor, discordias, heridas, desprecios, incomprensiones, etc., por el sólo hecho de dar a conocer la verdad y mantenerse firmes; por contradecir a la gran mayoría que dictan verdades a medias, leyes en apariencia "incuestionables", incorruptas... sólo porque ellos (como digo, en mayoría) la avalan pero que en el fondo no llevan más que "muerte" a largo plazo...

Lo ordinario, pues, lo que todo mundo hace a diario, lo que repite, cualquiera lo hace. Buscar dinero fácil atropellando e incluso sin importar matar al prójimo con tal de conseguirlo, esa es la verdadera miseria del alma; cuando se subordina al propio hombre a las cosas terrenas, cuando éste deja de ser persona y se convierte en "objeto". 

Pero hacer cosas diferentes, extraordinarias, pocas personas lo hacen porque es más difícil pero más meritorio por lo mismo, y a la par va el concepto de "santidad" que no es otra cosa que eso: ser extra-ordinario ¿Qué significa eso? que no cualquiera es capaz de dar ejemplo de vida en la sociedad restituyendo en la dignidad a muchos, atendiendo o sirviendo en las necesidades más urgentes. Sólo los comprometidos con el amor y la verdad, es decir, con Dios mismo, serán capaces porque de él precisamente, les viene la fuerza.

Para muestra un botón: Hubo alguien que un día decidió "servir a los demás" en cuerpo y alma. Ella se llama Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como la "Madre Teresa de Calcuta" y, para muchos, incluso no católicos, una Santa en este sentido de "gente extra-ordinaria".

¿Qué hizo ella? abogó por los pobres y más necesitados, vendó sus heridas y atendió con mucho cariño a aquellos que para la sociedad eran práctica "desechos", a los despreciados. Ella vio la oportunidad de hacer cosas nuevas donde nadie más se atrevió, y lo llevó al extremo.

¿Quién de nosotros seríamos capaces de amar a tal grado curando las heridas de un leproso? Ella lo hizo y no sola sino con la ayuda de Dios, de su espiritualidad. Ella predicó al Dios amor en hechos aunque no pronunciara palabra alguna de la Biblia pues ya había dado a conocer el amor de Dios desde su propia persona.

Tan grande fue su testimonio que fue apreciada no sólo por católicos sino por personas de otros credos de la región.

Y así como hay mucho desorden en nuestra sociedad, personas  ordinarias organizándose para hacer el mal, robando y matando de mil maneras gracias al dios dinero porque el Dios amor no está presente en sus corazones, así mismo, y por otro lado, hay personas, tanto en el ámbito social como religioso, que no reparan en "ayudar" y hacer las cosas nuevas con su ejemplo, en dar sabor y luz en este mundo tan golpeado por el egoísmo y avaricias que desplazan al Dios de misericordia que todos deberíamos de llevar en nuestros corazones para una sociedad mejor.

Esta es la lucha diaria: hacer sobresalir esa luz, esa paz, ese amor en un mundo, como ya dije al principio, por demás ordinario, oscuro, sin sabor, distraído, desordenado, ignorante, impulsivo... haciéndolo extraordinario y con mayor sentido de la mano de la Palabra de Dios.

Si te gustó esta reflexión compátela y déjame tu reacción o comentario aquí.

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Gran Catástrofe?

Hoy nuevamente es 19 de septiembre, fecha muy significativa para los mexicanos. Se trata de una fecha que se queda, sobre todo para quienes lo vivieron más directamente, marcados en la mente y el corazón.

Hoy es una fecha conmemorable para la gran mayoría de personas y, para algunas otras quizás, un aniversario que pasará desapercibido y con aires de indiferencia...

Yo podría ser una de éstas últimas personas, sobre todo porque, aunque ya había nacido en el momento de los sucesos, mi poca edad me impedía hacer conciencia por completo de lo que estaba aconteciendo. Pero, al pasar de los años, y cada vez que veía los relatos de los hechos en cada aniversario, esta pequeña, casi nula conciencia con que contaba en mi pequeñez, se fue acrecentando cada vez más al grado de fortalecer más el sentimiento de empatía y solidaridad por los afectados...

Este suceso fue sin duda "terrible" por un lado al saber que dejó muchas víctimas mortales, pero, a la vez, fue también una "oportunidad" para mostrar nuestra humanidad porque, como dicta la frase: "nunca se es mejor amigo (y hermano) que en la dificultad", así mismo se dejó ver tal espíritu solidario entre los mexicanos.

Este tipo de situaciones, por supuesto, nos dejan un sabor amargo, con sentimientos de angustía, dolor, coraje, impotencia... pero también, por otro lado, nos llenan el corazón de esperanzas al probar nuestra capacidad de respuesta y solidaridad ante las necesidades humanas; nos llena el alma el hecho de saber que, a pesar de la dificultad, se "tiene un hermano con quien contar"; que exista alguien dispuesto a ayudar y se ofrezca empática y desinteresadamente por la causa. 

Creo que este es el milagro principal: la flor de la esperanza que de entre las cenizas brota con mucho entusiasmo, el milagro de la solidaridad.

No sé qué conmueve más, si el hecho de ver a gente arruinada, sin casa e, incluso con familiares muertos y perdidos; o el hecho de ver a tanta más gente que, ante la catástrofe, se organiza para ayudar a su vecino buscando entre los escombros aún en contra de toda esperanza de vida...

Me encontraba hoy viendo un reportaje de testimonios a este respecto y son realmente sorprendentes los frutos que de ahí se rescatan. Primero, el acto de la solidaridad como ya mencionaba que de fondo conlleva un profundo sentimiento de compasión y hermandad hacia el hermano que sufre, y el hecho de que este profundo sentimiento lleve a dar lo máximo de sí por ayudar a sus semejantes en días en que incluso para muchos, parecía ya hasta perdido...; y segundo: los milagros tangibles como el caso de los llamados "bebés milagro" rescatados entre las ruinas de un hospital, y no sólo uno, sino más de doce...; o el caso de los sobrevivientes que fueron rescatados después de varios días a pesar de los peores pronósticos que de éstos se tenían; no había para muchos esperanza de encontrar más vida y, sin embargo, las "corazonadas" junto con el entusiasmo de la fe y esperanza por encontrar más vida, provocaron el milagro de encontrarlas...

En conclusión ¿Qué de bueno sacamos de estas experiencias? Nada más y nada menos que el del espíritu de la verdadera hermandad que conlleva la solidaridad ante las dificultades de la vida diaria.

Mucho nos duelen estas circunstancias que inesperadamente nos aquejan, pero mucho más nos alivia el sentirnos acompañados, alentados, ayudados, por la mano de un, ya no se diga amigo, sino ahora hermano...

Son eventos que, a pesar de su carácter de desastre, nos dejan muchas enseñanzas e, incluso amistades. Es un pasaje donde nos recordamos ya no como individuos rutinarios y extraños que pasan desapercibidos en la vida diaria, sino como un hermano más que se descubre y solidariza en la adversidad; un desconocido que se convierte en mi hermano de vida capaz de tender la mano cuando se necesite... ese es el verdadero espíritu que se deja ver ante las catástrofes inesperadas que, de otro modo quizás, no habríamos sido capaces de identificar...

Y es esto precisamente lo que debemos recordar cada año: que no olvidemos ese espíritu solidario que brote no solamente en las grandes calamidades sino que se vaya siempre alimentando día a día en pequeñas obras como las palabras del Evangelio de Lucas nos lo recuerdan: "el que es fiel en lo poco, [será] fiel en lo mucho" (Lc 16,10). 

Con todo, no justifico ni quiero decir que me gusten y sean necesarias tales calamidades para resaltar nuestros valores, de hecho, no necesitamos de este tipo de acontecimientos para recordarnos la calidad de seres humanos que podemos llegar a ser, ni necesitamos sacar nuestro repertorio de valores sólo en momentos especiales, si no, más bien, irlos trabajando día a día con nuestros semejantes aún en la prosperidad y relativa paz social. No podemos bajar la guardia; siempre hay algo por qué trabajar, a quien ayudar y dignificar... en pocas palabras, " a quién amar" para que el dueño de la mies no nos encuentre dormidos el día de su llegada que será por sorpresa... "¡Estén atentos porque no saben el día ni la hora!" (Mc 13,33).

¿Qué opinas? Por favor, no olvides dejar tu comentario o reacción aquí abajo. ¡Que Dios nos bendiga siempre!

domingo, 16 de agosto de 2020

Hoy me suicidaré ¿Qué me dirías?

Hace días encontré un video en Youtube que me llamó mucho la atención. Se trataba de un muchacho coreano sosteniendo un cartel enorme con la siguiente leyenda: "hoy me suicidaré ¿Qué me dirías?"

Así mismo, tenía dispuestos plumones y notas adhesivas para que le escribieran aquellos que quisieran darle un mensaje especial a éste que parecía tener determinado suicidarse.

Al principio no parecía haber mucho interés por este chico, sin embargo, el video muestra cómo, poco a poco, se van congregando más personas y proceden a escribirle algo y dejárselo en la pizarra.

Pero llama la atención una persona en especial a la que no le bastó con escribirle una nota adhesiva solamente, sino que, una vez que ponía su mano en su espalda sobándosela en señal de compasión y preocupación, se acercó más directamente a preguntarle -¿Por qué te quieres suicidar?, a lo que el protagonista respondió (lo diré parafraseado): -Porque no soy feliz; todos los demás parecen estarlo, pero yo no; traigo dolor en mi corazón (con estas palabras el actor recrea los posibles sentimientos de un verdadero suicida). 

Acto seguido, esta mujer le invitó un té de burbújas con la intención, al parecer, de aliviar su sufrimiento y, a la vez, tratar de disuadirlo de que deje tan atroz intención.

Sin embargo, éste parecía decidido alegando que eso no le quitaría el dolor, que no vale su vida, que se odia a sí mismo…

Este video se trató de un “experimento social” y se realizó en medio de una plaza en Corea a la vista de muchas personas y en donde muchas se compadecieron de él escribiéndole notas para que no se suicidara. 

Por supuesto, un “suicida” no se evidenciaría de esta manera, pues, de hacerlo, sin duda no faltaría quien le persuadiera de no cometer tal atrocidad, pero entre nosotros hay a diario personas que se sienten mal y pasan “desapercibidos” en nuestra vida cotidiana… La depresión, que es la causante de tales actos es muy peligrosa porque, de hecho, no es tan evidente y, la persona que tiene pensada tal acción, muestra signos contrarios anímicos, es decir, parecen "normales" e, incluso, "felices".
Chica invitándole una bebida para platicar
Chica invitándole una bebida tratando de hacerlo sentir mejor y evitar con ello que tome una mala decisión 
Más, el hecho de tratarse un experimento social no significa que no sea “algo serio”, de hecho lo es, y muy grave, no en vano este “youtuber” quiso de alguna manera recrear una escena para “generar conciencia”. 

Según estadísticas de 2017, Corea ocupa el décimo lugar de suicidio a nivel mundial, y México en el lapso de 1999-2015 duplicó la cifra de 2.4 suicidios por cada 100 mil habitantes a 5.4. Algo realmente preocupante. 

Me llama la atención, pues, y regresando a este video, el gesto de esta chica a la cual evidentemente le preocupó la situación sobremanera. A ella no le bastó pegar una nota adhesiva de aliento a la persona, pues, como ella misma lo manifestó: “no veía que las notas te aliviaran en mucho y pensé: qué más podría hacer”. 

Sin duda, se trata de un acto de solidaridad suprema el hecho de preocuparse por una situación social alarmante y el preocuparse siquiera por una persona prácticamente “desconocida”. Esta es la solidaridad social y empatía que precisamente nos caracteriza como “humanos”: la preocupación por la vida de los demás. 

Si te encontraras en una situación similar ¿Cuál sería tu reacción? ¿Te limitarías a dejarle un mensaje (que, me imagino que todas las notas eran palabras de aliento y de lucha para evitar que esto suceda) o harías algo más?… déjame tu comentario y comparte esta refelxión.

Quizá en otra entrada haga reflexión de ¿por qué, en una sociedad con grandes avances tecnológicos, el ser humano sigue sintiéndose solo?

Este video lo puedes mirar en este enlace: 
https://www.youtube.com/watch?v=Pypyf1O4PrU&t=301s
 


domingo, 28 de junio de 2020

De la conciencia de Dios

Necesitamos trabajar juntos para crear un mundo en donde unas personas no tengan que atropellar a las otras para sobresalir. Un mundo en que no se manipule a las personas. Un mundo en que la pobreza, la crueldad, el terrorismo, el conflicto y la guerra se conviertan en oscuros recuerdos de un pasado abandonado, y no en unas realidades que se sufren en el presente. Un mundo en que la autoridad del Estado y de la Iglesia esté al servicio de las personas y ya no las opriman ni hagan más penosa su vida.

Un mundo que se preocupe por las personas. Lo que de veras quiero decir es que necesitamos crear un mundo en que las personas se preocupen auténticamente las unas por las otras.

Y así como hemos de tomar en serio la necesidad de hablar de una forma inclusiva, así también hemos de tomar en serio la responsabilidad de una preocupación inclusiva. Esto equivale a decir que no hemos de escoger a algunas personas para preocuparnos de ellas. Tenemos que preocuparnos por todos aquellos que Dios ha puesto cerca de nosotros –hasta donde el tiempo y los recursos nos lo permitan.

Antes de realizar un sueño, necesitamos soñarlo. Me parece que, si vamos a preocuparnos auténticamente por las personas, hacen falta tres actitudes:

1) voluntad para dialogar con aquellas personas con quienes no siempre estamos de acuerdo. 

2) profunda compasión (habilidad para penetrar en los sufrimientos de las otras personas). 

3) Deliberada posición de no-violencia en todas nuestras relaciones. Estas actitudes nos darán la capacidad de “caminar en presencia del Señor en la tierra de los vivos”. Esta es la forma de tratar con las personas que encontremos “en la tierra de los vivos”.

El diálogo se refiere primeramente a lo intelectual, especialmente cuando tenemos diferencias con las personas sobre lo que hemos de pensar o sobre la forma de actuar. La compasión se refiere primeramente a una actitud del corazón, que se expresa ante los necesitados, sin tener en cuenta nuestras posibles diferencias con ellos y su manera de pensar. La no-violencia hace que nuestro amor sea incondicional.

Recordemos que, cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó. Ese velo había sido colocado ahí para separar el lugar santísimo (la parte de Dios en el templo) del lugar santo (la parte humana del templo). Necesitamos arrancar los velos que separan a Dios de su creación, y la creación, de Dios. Necesitamos quitar también todos los engañosos velos que nos separan los unos de los otros, para que así podamos tener conciencia de que somos una sola cosa con los demás. Necesitamos rescatar al mundo del "apartado espiritual"... 

(Continuará). No olvides dejar tu reacción o comentario.

miércoles, 24 de junio de 2020

Metanoia

Dios perdona y es misericordioso, sin embargo, las consecuencias de nuestras acciones perduran. El corazón malo de una persona difícilmente cambiará a menos que sufra una metanoia. 

Pero ¿qué es metanoia? 

Este concepto de origen griego describe un cambio radical, es decir, una transformación total. Si buscas en internet encontrarás a primera estancia que ésta "denota una situación en que en un trayecto ha tenido que volverse del camino en que se andaba y tomar otra dirección, también retóricamente utilizado para retractarse de alguna afirmación realizada, y corregirla para comentarla de mejor manera". 

En este sentido se aplica a las personas que cambian totalmente su manera de proceder para bien sus acciones e, incluso  su personalidad y carácter de repente ya no son los mismos

Sí, es como si se metiera otra persona en su ser, alguien distinto del que antes era. Pero tranquilos, no estoy refiriéndome a una posesión como tal. En el cristianismo nos referimos más bien a una conversión total y radical de la persona una vez que experimenta un encuentro profundo con alguna experiencia o alguien, en este caso, con Dios. Es decir que si esta persona, antes era grosera, violenta, desastrosa, odiosa… y de repente (bien podríamos aplicar el dicho “de un día para otro”), es totalmente lo contrario: más atenta, cariñosa, amorosa, etc., hasta causará asombro y sospecha pues no se puede creer que una persona de buenas a primeras cambie tan rápido, ¡bueno! no es que sea imposible sino que rara vez vemos estos cambios, es muy difícil verlos y experimentar ese encuentro tan profundo que nos permee y cambie, más eso no quiere decir que no sucedan.

Ciertamente no es lógico este cambio para muchos, pero no, tampoco es imposible, y tenemos ejemplos en la biblia.

La conversión de San Pablo.

El hecho más conocido es el de Saulo (ver Hech 9) quien posteriormente será conocido como San Pablo, perseguidor acérrimo de de los discípulos de Jesús: "Saulo, respirando amenazas contra los discípulos del Señor..." (Hch 9, 1) y quien posteriormente, después de una visión con la voz de Jesús, se convirtió en el más fiel misionero y proclamador de éste por el resto de su vida, y tal fue su conversión que estuvo dispuesto a todo por la causa de Dios y su mensaje. Así, sufrió desprecios, burlas hasta llegar a dar incluso la vida misma. Ya nada más le importó después de conocer a Jesús más profundamente; y fue tal su fervor que manifiesta su entrega en una carta a los Romanos en medio de un ambiente tan hostil que se vivía en aquél entonces: "¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? [...] en todas estas cosas salimos más que vencedores" (Rom 8,35). Cuando existe una convicción real se es capaz de superar las pruebas más duras.

Esta metanoia (o cambio radical) implica toda una aceptación y compromiso para con la causa o persona amada. En pocas palabras, hubo un cambio porque hubo amor.

En el caso de Pablo, esta conversión (que por cierto esta otra palabra se equipara a la de metanoia) fue posible gracias a este encuentro tan profundo con Jesús, más no sin este elemento llamado amor que fue capaz de cambiarlo por completo, hasta la raíz de su ser.

Por ende, una persona que experimenta el amor pleno es capaz de dar hasta la vida, de hacer cambios importantes porque ya se siente identificado con la causa, un proyecto o persona la cual se estima en demasía.

Metanoia es, pues, una conversión de vida, y esta conversión se manifiesta en todo nuestro ser incluyendo nuestras actitudes. Uno puede decir que cambia, o que ya no hará tal o cual cosa que ofendió o hizo algún daño a alguien, y puede que lo cumpla por un buen tiempo, sin embargo, si pasado este lapso, vuelve a recaer en las mismas acciones perjudiciales, podemos decir que no hubo una verdadera conversión o metanoia desde el interior. Así, puedo cambiar algunos elementos de mi personalidad, sólo algunos, pero seguir siendo el mismo… Metanoia implica a toda la persona con todo su ser; implica un cambio desde las raíces, no se trata solamente de un deseo superficial o de tener la “buena intención” para con lo bueno, para con Dios (si es que verdaderamente le buscamos a Él). Implica un cambio de mente y corazón, implica sacrificios y aceptación de, incluso, remar contra corriente si es necesario por defender aquello con lo que se ha comprometido en cuerpo y alma, es decir, con todas las fuerzas, porque llega a ser nuestro sentido último.

De ahí que, este cambio se muestra posteriormente con acciones y no sólo de palabras; de acciones extremas que, lejos de hacer desertar, fortalecen más esa convicción como San Pablo que, en otras de sus cartas llega a expresar: “[…] me han nombrado predicador, apóstol y maestro. Por esa causa padezco estas cosas, pero, pero no me siento fracasado, porque sé en quien he puesto mi confianza” (2 Tim 1,12). Tiene una convicción tal que ninguna dificultad le hace desanimarse al grado de querer abandonarlo todo; sabe bien en quien confía, y ese alguien es su fuerza, aliento y esperanza. En este caso, ha experimentado el amor de Dios en su máxima expresión que cree que ningún sufrimiento en la tierra es suficiente para apartarle de este sentimiento sublime.

¿Qué es esta metanoia, pues? algo extremo y extra-ordinario diría yo, y detrás de ésta se encuentra la Misericordia de Dios que no es otra cosa también que "amor al extremo", un amor tan profundo que el mismo Saulo no fue capaz de resistir.

"Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras" dicta la cita de Santiago (St 2,18) que no es otra cosa que mostrar el amor con acciones, y desde donde se hace tangible tal prodigio de la conversión; del amor mismo experimentado en carne propia al grado de transformar sobremanera a la persona en todo su ser.

Este "cambio" (o metanoia= cambiar de meta) es similar a encontrarse un tesoro o, en términos más actuales, a sacarse la lotería. Cuando esto sucede, la persona no puede ocultar su alegría y quiere contarlo a medio mundo, y, aunque no hiciera uso de palabra alguna, su alegría se deja ver a kilómetros. 

Es decir que, una metanoia no se puede esconder; es un acto verdaderamente evidente y sorprendente en el grado de no poder creerlo.

La Biblia está llena de ejemplos al respecto. Basta ver los milagros que Jesús obró en vida con las personas y que no es otra cosa que un encuentro muy profundo con Él. Él hacía a los demás sentirse acogidos, escuchados, atendidos... en pocas palabras, amados, y con lo cual revolucionó la visión tan reducida que tenían los judíos respecto de un Dios muy lejano y exclusivo. Jesús vino a manifestar algo tan sencillo: el amor es para todos, Dios es amor, y todo el que ame será feliz, lo cual es equivalente a abajar a Dios a nuestros terrenos, un Dios de los excluidos y marginados no sólo de los ricos y letrados... esa es la gran novedad. 

El hecho, pues, de experimentar tal acogida (sentirse amado), es lo que produce tal conversión (metanoia), un cambio de rumbo radical que implica de antemano una reflexión y amor tan grandes respecto al amor que el Padre nos tiene y nos ha dado, y del cual no nos sentimos siquiera merecedores: "Me pondré en camino a casa de mi Padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros" (Lc 15, 18), además de un reconocimiento ante lo majestuoso, ante la grandeza o prodigio divino: "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?" (Lc 1, 39) y que, por supuesto, detrás de todo este reconocimiento se encuentra una gran fe ante lo supremo.

Es en este último punto que nos hacemos conscientes de nuestra condición de servidores, hijos de un mismo Padre. Más, no cualquier Padre, sino uno amoroso, justo, misericordioso, de aquél que tiene poder incluso para destruirnos, despedirnos, desheredarnos, y sin embargo, no lo hace, no quiere. Nos reconocemos menos ante la grandeza de lo divino, y nada más divino que el mismo amor que, experimentado en su máximo esplendor, recae en una total conversión (metanoia).

"Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías" (Nican Mopohua, relato del Indio Juan Diego ante la presencia de Santa María de Guadalupe), En este caso, Juan Diego no se siente digno de tan grandes prodigios o encargos de parte de Dios lo mismo que San Pablo una vez converso; que el hijo prodigo cuando recapacita y no se siente digno de volver como "hijo" y, sin embargo, el Padre le ama con esa misma dignidad... Y así, vemos muchos ejemplos, sobre todo en la vida de los que llegaron a ser santos gracias a este reconocimiento tan profundo del amor de Dios Padre...

Si te gustó este artículo regálame una "reacción" o un comentario aquí abajo. No olvides colocar tu mail al lado de este blog para recibir notificación cada que publique nueva entrada.