martes, 24 de noviembre de 2020

El amor

Una de las principales características del amor, creo yo, es la "Ilusión" muchas veces llamada precipitadamente "ingenuidad" pues, cuando te enamoras elevas a aquella persona que amas en un "pedestal", y le revistes de cualidades y virtudes que incluso en vida real, es decir, ya con los pies en la tierra, quizá ni siquiera parezca tener.

El amor es una ilusión porque plasma en el ser amado aquello fántastico y maravilloso que desea ver y vivir. Por eso el amor es también muchas de las veces catalogado como "fantasioso" (de la mano de la ingenuidad como digo) pero que alimenta a su vez la esperanza en todo caso.

El amor tiene ese poder de transformar, por eso se parece a esa historia del famoso "Rey Midas" porque todo cuanto toca lo transforma, lo inquieta, lo mueve, lo embellece... Así, toda materia deja de ser materia con él y toma otra forma espiritual de trascendencia, rescata su esencia, eso es lo que quiere ver, rescata lo bueno de cada ser...

Cuando una persona se enamora, "endiosa" a aquello (a) que ama y no puede verle más que sólo "virtudes". La endiosa tanto que la hace única y le ve una belleza tal que llega a pensar que otro (a) podría también enamorarse y llevárselo (a); piensa que ha encontrado un tesoro, el mayor de todo el mundo y se siente más que afortunado (a).

El amor, pues, en este sentido es "ingenuo" en cuanto que desafía las leyes básicas de la lógica natural, conforme a la realidad, de la experiencia misma de la vida; el amor se atreve a superar esa misma lógica humana buscando donde para muchos es evidente que ya no hay nada más, tratando de vitalizar lo que parece muerto y seco plantando en el "desierto"... Así de ilógico y, si quieres, de "absurdo" es el amor que "cree" donde se ha perdido ya toda esperanza, toda ilusión

En todo caso, lo que llamamos "ingenuidad" puede sólo tratarse de "pureza", "inocencia" o, simplemente, de un "amor incondicional"; de aquél o aquella que "cree" en su amada (o) sin más ni más. ¿De qué cuidarse -dice pues- si el amor no es mentira, es la verdad?

Así, pues, el verdadero amor nunca (aunque pudiera), querría por ningún motivo a su amado (a) "engañar", traicionar, porque éste no buscaría de él (o ella) hacerle algún mal. El amor es "bondad", (nunca sólo interés) es lealtad.

Más, como Dios es amor, el mejor amante es el que se sustenta en Él como fuente, ejemplo y sostén.

A Dios nadie lo puede medir ni conocer sus designios, sus reglas (si es que las tiene como tal), así mismo es el amor de "bambaleante" que entra y sale por donde quiere, que no "discrimina" y que, al extremo, llamado misericordia, simplemente "transforma" al que con él se topa.

Muchos santos se han embelesado en Él prefiriéndole a muchos otros vanos amores. El verdadero trae paz, esperanza y fe. Por él vale la pena dar la vida misma; es por lo que se vive y da sentido, por lo que vale un minuto de existencia aquí en la tierra porque, siendo feliz aunque sea ese instante, se habrá ya cumplido la misión de esta vida en muchos sentidos. 

Si los años de nuestra existencia se midieran por lo realmente vivido, me refiero a lo "disfrutado", es decir, a lo verdaderamente "amado" y, con ello obviamente "feliz" ¿Cuántos años en realidad hemos vivido? ¿Qué es la vida sin amor? Nos engañamos muchos en esta tierra llamando vida al simple movimiento de nuestro cuerpo físico sin una ilusión. Llámase mejor "vida" a aquello por lo que te hace realmente "sentir", "ilusionarte", "bailar", "cantar" con tus familiares, pareja, amigos, "reír"... Eso es "vivir" y no andar como los muertos caminantes cumpliendo horarios, ritos... pero que realmente no motivan, no permiten soñar, encantarnos por algo, hacer planes motivantes nuevos cada día preguntándonos y alimentando esos "gustos" sanos que proyectan nuestro porvenir...

Porque la vida se "disfruta" y no sin amor; de la madre/padre con su hijo (a); del amigo con el amigo, etc. donde todos ellos se desean lo mejor (no aislada ni egoístamente); del amor a los semejantes desde el "servicio" mismo al darse en beneficio de los demás y en bien de la comunidad o sociedad por un mundo mejor... 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Caridad

Muchos hemos escuchado en más de una ocasión acerca de este término por demás significativo, sin embargo, estoy seguro que no hemos agotado por completo su significado; si profundizamos más al respecto, encontraremos sin duda mucho más de lo que creemos que sabemos...

¿Qué significa, pues, la palabra "caridad"?

Si buscamos en la web encontraremos esencialmente que el objeto de ésta es el amor a Dios sobre todas las cosas y, por supuesto, esto implica a su vez el amor al prójimo ya que: "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su Hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su Hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" (1 Jn 4,20).

Caridad se deriva del griego ágape (amor fraternal) y del latin caritas que hoy día traducimos como "amor" más propiamente. En este sentido es que caridad viene siendo lo mismo que "amar". Se trata de una de las tres virtudes teologales después de la fe y la esperanza, y la más importante de éstas ya que, si no tengo caridad (o amor), así sea yo un gran héroe o conquistador de grandes ciudades, yo nada soy" (1 Cor 13).

Pero ¿qué significa amar? Este es el meollo del asunto y, por decirlo más precisamente, es lo más complejo y el punto central de nuestra exitencia humana; es el motor que nos mueve de mil maneras; lo que nos desanima y da sentido; es por lo que damos la vida misma... es precisamente por ella que venimos a este mundo y que aun hoy día muchos tratamos de entender en esta escuela de la vida. Unos la alcanzan a entender de manera plena más pronto que otros. Más, con la palabra "entender" no me refiero a algo propiamente de la mente más que del sentir y, por ende, se vive, ya que parece ser que el amor (o caridad) tiene como uno de sus requisitos básicos eso: el amor se comprende más auténticamente viviéndola con todo lo que conlleva: dolores y alegrias, de todo un poco cada vez. El amor verdadero pues, se distingue del falso en la "resistencia" y aún en el "desierto".

La caridad (o amor) engloba a las otras tres virtudes anteriormente mencionadas: la fe y la esperanza ya que sin amor ninguna de éstas existiría. La prueba está en la "confianza"; el amor es capaz de muchas cosas y de provocar incluso lo inimaginable o aparentemente imposible; es capaz de sembrar en el desierto por ejemplo; por eso se la llama muchas de las veces "loca", "rebelde", "ingenua", etc., y, ciertamente, para complicar más las cosas, también "ilógica" como Dios mismo, es decir, que supera toda regla e inteligencia humana. Con el amor (o caridad) "todo es posible" o, mejor dicho, "todo puede suceder", de ahí se desprende su exquisitez, su hermosura y expectación, su encanto, sorpresa, sentido...

Dice San Pablo hermosamente y embelesado por ella tratando de definirla y, con ella, de alguna manera de delimitarla: "El amor paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad." (1 Cor 13, 1-13).

Y si le queremos agregar más cualidades, resaltan también las claves de Jesús de una forma un tanto resumida: amar a Dios y al prójimo como así mismos que involucra también al enemigo ¿Quién quiere amar al enemigo? más aún ¿al despreciado, enfermo, pobre u oprimido? Sólo el que ama de verdad. He aquí lo complicado de tal cualidad, es fácil decirlo, difícil practicarlo, pues, como mencioné al principio del escrito, el amor "se vive", no se "predica" propiamente; de él se da ejemplo de vida más que sólo cátedras.

La caridad (o el amor) no es, pues, "asible"; ella va y se posa donde quiere; no discrimina, toma a todos por igual, a todo aquél o aquella que se cruce por su camino si le parece; lanza su anzuelo e invitación, por eso tambien se le llama "ciega" porque el verdadero amor "no se deja sobornar" ni por la sola apariencia "apantallar"; tiene cara de ingenua pero sabe lo que quiere, es amable y también prudente; parece que la engañas y de ella al final, si de verdad quieres, aprendes y te transforma. Porque además, ella es respetuosa y también por lo anterior dicho, es pura y noble.

La caridad (o amor) es "considerada" y "persistente", impulsada precisamente por la "esperanza" y no tan pronto en su entrega o hazaña muere.

La caridad, en pocas palabras diría yo, es precisamente lo "irreal" y e "imaginable", por eso también a su vez es "creativa", puede hacer cuanto quiera, como la frase de San Agustín "ama y haz lo que quieras" porque ésta dondequiera se mueva no divide sino "crea"; ama la vida y no la muerte, por eso ese "hacer lo que quiera" no tiene sentido "rebelde", opresor o ambicioso más que el de no hacer daño ni destruir sino el de "hacer todas las cosas nuevas", desear el bien siempre...

(continuará) No olvides comentar.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Todos somos santos

Porque todos somos santos para Dios


Santo es el que ama, el que gasta su tiempo por los demás, santo es el alegre y el divertido, por cariño; santo es el que pone sus preocupaciones ante Dios, el que vive atento al hermano; santo es el que llora con el que sufre, que regala los detalles de cosas sencillas: una anécdota, una sonrisa... que acompaña y hace sentir bien al agobiado aun en la dificultad y tribulación, que le muestra el lado afable de la vida, el que se ríe con esa persona feliz o afligida; santo es el que libera de una culpa o sentimiento malo como la tristeza, soledad, ira, envidia, rencor, dolor, reprensiones, etc.; santo es el que cura de un resentimiento, el que es compasivo y misericordioso, es el que alivia el peso del compañero, el que regala su ternura, el que no tiene nada suyo; santo es el que actúa ecológicamente, el que exprime la vida con pasión y no se deja abatir por los problemas, al contrario, usa a éstos como escalón; santo es el que trabaja por conseguir la justicia y la paz, el que acoge al que está caído, el que acompaña al desvalido; santo es el que festeja la vida con la gente y que adivina lo que éstas necesitan, el que descansa al preocupado y le hace como el evangelio lo dice: su yugo suave y su carga ligera, el que proclama con su actitud y por doquiera que va a Jesús, su amor; santo es el que facilita la elaboración de un duelo, pero también el que acaricia la vida del hermano; santo es el que tiene siempre una casa abierta y mesa puesta para el forastero y necesitado, el que sabe tender la mano; santo es el que sabe vivir en amistad y disculpa a todo el mundo sin ser negligente o “laxo” en las leyes de Dios, sólo liberando del egoísmo y resentimientos humanos, del desamor; santo es el que une y busca los medios para tal intención; santo es el que te hace encontrar a Dios por cualquier medio y vive en su compañía ¿Tú eres santo? ¡Felicidades! Porque ¡regalarás felicidad a donde quiera que vayas!




domingo, 11 de octubre de 2020

La verdadera fe

 "Sólo existe una lengua en la ciudad de Dios, la lengua del amor. Los que hablan mejor, hablan en silencio" 
(Thomas Merton).

El testimonio es el que mejor habla de nosotros, no tanto las palabras. 

Cuentan que San Francisco de Asís le dijo a un discípulo que lo acompañe a un pueblo a predicar. El discípulo aceptó entusiasmado con la posibilidad de aprender a predicar. Sabía que tenía que aprender a llegar a las personas hablando sobre la palabra de Dios.

Durante todo el día, San Francisco se paseó por las calles del pueblo, atendiendo las necesidades de los pobres y desamparados. Ayudó a la gente enferma, dio de comer a las personas con hambre y hasta ayudó a construir una vivienda para una persona muy humilde.

Cuando estaban de regreso, muy cansados, el discípulo estaba decepcionado porque San Francisco no había predicado ni se había dirigido públicamente a los feligreses. El discípulo que quería aprender a predicar se sentía muy frustrado. Lo miró a San Francisco y le dijo:

- Maestro, pensé que íbamos a predicar en este pueblo.

- Hijo mío, claro que hemos predicado, pero no con palabras sino con el ejemplo. Quizá no te diste cuenta, pero nuestra conducta era observada por muchos. No tiene ninguna utilidad predicar sobre las palabras, a menos que hagas eso que predicas, respondió con cariño San Francisco.

¿Por qué es tan difícil predicar con el ejemplo? Hablar de lo que uno hará en el futuro es fácil. Sólo se requiere soltar las palabras de la boca. Nuestro ego se infla con todas las cosas buenas que supuestamente hacemos. Pero hacer las cosas en la realidad, requiere de trabajo arduo, disciplina, paciencia, muchos sacrificios, cambio de hábitos y sobre todo humildad. Tampoco existe un beneficio para el ego, los resultados son más bien para Dios, en Dios y por Dios, por quien trabajamos. Nosotros sólo somos instrumentos, de ahí la humildad en tal reconocimiento. Además, los logros le tocan a Él, los cuales pueden ser a mediano o largo plazo según le plazca.

Nuestra conducta, pues, habla más que nuestras solas palabras.

A veces pensamos y queremos hacer grandes sacrificios para que, de la noche a la mañana se logren grandes cambios sin darnos cuenta de que el verdadero cambio o sacrificio, el testimonio, se va dando desde el trato diario con los demás y la naturaleza, desde las cosas sencillas.

Frenarme de decirle algo feo y sin sentido a quien "me cae mal" por tal de no propiciar palabras que no llevan a ningún acuerdo y sí a la violencia, es un sacrificio genuino que vale la pena intentar. Y este sacrificio, aunque no lo creas, ya es un producto de la fe y la oración ya que no es fácil refrenarse uno mismo sin la ayuda de Dios.

Así, de nada me sirven los ritos religiosos a las que participo si no soy capaz de seguir reglas de convivir en familia o comunidad en paz; si soy grosero, rebelde, o me importa un comino lo que el otro (a) piense; en pocas palabras, si no soy siquiera respetuoso y, con ello, falto por supuesto a la caridad; si quiero hacer sólo lo que a mi me apetece por sólo placer o capricho. Este no es el verdadero sacrificio que Dios quiere en aras a propiciar mayor paz en mi comunidad.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que la fe se traduce en obras como lo señala en la biblia la carta de Santiago "¿Tú crees que existe Dios? ¡Muy bien! También los demonios creen y tiemblan de miedo [...] Estás viendo que la fe se demostró con hechos, y por esos hechos la fe llegó a su perfección." (St 2,18.22).

Por tanto, la sola creencia no basta, me refiero a la fe, la cual se ve cuestionada por la falta de obras, de testimonio. Es por ello que, por más que yo diga tener mucha fe y creer en un Dios de amor supremo, esta fe sólo será válida en los hechos, desde el mismo trato con los demás.

En pocas palabras: "la fe se vive, no sólo se predica".

viernes, 9 de octubre de 2020

Mes del rosario

En este mes del rosario, como su nombre lo indica, se nos quiere inducir a adquirir esta virtud de la oración mediante esta devoción especial e importantísima a nuestra Madre Santísima María. 

De por sí, no deberíamos vivir sin el auxilio de la oración diaria, con mayor razón se hace necesaria tal actitud de humildad reconociendo que "sin Dios nada podemos", de ahí la importancia de la oración ante las dificultades diarias de la vida y ¡qué mejor que por la intercesión de nuestra Madre Santísima María!

He aquí una de tantas opciones en que, lamentable y paradógicamente, ante la gran cantidad de opciones en los medios de comunicación de las que hoy gozamos, no las aprovechamos en favor de nuestra espiritualidad; muchas personas permanecen por demás indiferentes y, suele suceder que las que tienen acceso a tales medios, no les interesa involucrarse y llenar su espiritualidad de las cosas de Dios más que las del mundo. A veces son más devotas aquellas que no tienen acceso (sin generalizar). Ojalá seamos de esas personas (que ojalá se multipliquen) que sepan aprovechar los medios masivos para recrearse y llenarse de Dios ya que, hoy más que nunca, ante la facilidad de los medios, hay menos pretexto para nutrirnos espiritualmente. 

He aquí, pues, como digo, una de tantas opciones que pueden encontrar en internet para seguir el rezo del santo rosario en favor de la humanidad y en contra de tantas cosas adversas que nos afectan hoy día de manera especial como es el caso de la "pandemia".

Santa María, Madre de Dios ¡Ruega por nosotros!

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Luz y sal


"Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea.

Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo." (Mt 5, 13-16).

Este texto es muy característico porque invita a "dar testimonio"; a ser sal en un mundo sin sabor, y a ser luces en un mundo que camina en las tinieblas.

También hace alusión a los dones y es un llamado también a "ejercerlos" porque ¿De qué sirve ser sal si no damos sabor? o ¿Ser luz si no alumbramos? 

Estamos llamados, pues, a "dar testimonio"; a hacer presente el amor del Padre en este mundo caótico con nuestro proceder: "para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo." (v.16). 

Estamos llamados a "ser santos" en ese sentido, pero ¿Qué significa esto? Significa hacer de lo ordinario algo extraordinario.

Lo ordinario todo mundo lo hace y lo está haciendo en estos momentos. Tenemos así mucha gente ordinaria en nuestra sociedad: corruptos, estafadores, ladrones, violentos, avarientos, indiferentes, etc. Cosas por demás muy comunes y ordinarias en nuestra vida, tan comunes que muchas de las veces pasan desapercibidas cual si fueran "normales", disfrazadas de legalidad, orden y hasta bondad...

Estamos llamados pues, a ser esa diferencia; a ser extraordinarios en un mundo por demás tan ordinario; a no seguir la corriente a la maldad y al pecado que, muchas de las veces llegan a parecer hasta algo virtuoso y normal. Recordando que no porque la mayoría apruebe acciones, significa que éstas sean correctas.

En este texto Jesús nos invita a remar contra corriente, contra el mundo del desorden, a denunciar las injusticias y no aprobarlas, es como una invitación donde no aprobemos acciones que no dan vida, que son incorrectas por más que la gran mayoría las apruebe.

Hay, en este sentido, valores que provienen de Dios y que nunca cambiarán, mismos que dan sentido a nuestra existencia. Se trata de la ley perfecta de ese amor divino hacia nosotros...

Dar testimonio, pues, como ya acabo de mencionar, implica ir contra corriente de lo malo, recordemos también que "No todo lo que nos apetece necesariamente es bueno, ni todo lo que no nos apetece a primera instancia al menos, es malo". Por ejemplo, la oración no es mala; hace mucho bien aunque en un principio no nos apetezca pero ordena nuestro espíritu y la relación con el Dios de la vida pidiéndole que nos guíe ante nuestra "poquedad" de humanos y frágil inteligencia. Por otro lado, tantas cosas placenteras que nos rodean y persuaden pero que, sin embargo, no son garantía de darnos valores y sentido, de hacernos mejores seres humanos. Al contrario, nos dejan un vacío extremo porque no está Dios en ellos, y es que, el Dios de vida nos impulsa a servir, a donar la propia en favor de los demás. Ese es el sentido, el Dios (amor) que seguimos...

Llega un tiempo en que nos vemos envueltos en controversias que hacen dudar y tambalear nuestros valores. Por ejemplo, de tantos que apoyan y dicen que el aborto no es malo, llega uno a pensar si de verdad, lejos de estar defendiendo la vida ¿estamos negando un derecho humano de la libertad de decidir de la mujer como ellos argumentan y aseguran? Creo que todos tenemos derechos y libertades siempre y cuando no afectemos la vida de otros seres las cuales no nos pertenecen. Sólo pongámonos en lugar del otro ser. En todo caso, el culpable (de la situación por la que se halla dado) no es el bebé; el problema de tales situaciones vienen más de fondo, desde la sociedad misma y no del individuo como tal. Todos somos de alguna manera responsables por las vidas humanas... (En otro apartado daré mi opinión al respecto de este tema y movimientos feministas actuales). Por mencionar sólo un ejemplo de los problemas que aquejan hoy a nuestra sociedad y amenazan la vida, a nuestras familias en sus valores más profundos.

Ser luz, pues, implica saber iluminar el camino de otros por más terregosos o accidentados que sean, nos toca iluminar la verdad y no guiar por senderos oscuros y en apariencia rectos pero que quizá no nos lleven precisamente a "dar vida", a dar sabor, sentido a la humanidad... Nos toca, en este sentido, aconsejar, dar pautas, guiar a la mejor conciencia y, muchas de las veces, también contradecir...

Muchas de las veces (si no es que siempre), hacer las cosas extraordinarias implicará dolor, discordias, heridas, desprecios, incomprensiones, etc., por el sólo hecho de dar a conocer la verdad y mantenerse firmes; por contradecir a la gran mayoría que dictan verdades a medias, leyes en apariencia "incuestionables", incorruptas... sólo porque ellos (como digo, en mayoría) la avalan pero que en el fondo no llevan más que "muerte" a largo plazo...

Lo ordinario, pues, lo que todo mundo hace a diario, lo que repite, cualquiera lo hace. Buscar dinero fácil atropellando e incluso sin importar matar al prójimo con tal de conseguirlo, esa es la verdadera miseria del alma; cuando se subordina al propio hombre a las cosas terrenas, cuando éste deja de ser persona y se convierte en "objeto". 

Pero hacer cosas diferentes, extraordinarias, pocas personas lo hacen porque es más difícil pero más meritorio por lo mismo, y a la par va el concepto de "santidad" que no es otra cosa que eso: ser extra-ordinario ¿Qué significa eso? que no cualquiera es capaz de dar ejemplo de vida en la sociedad restituyendo en la dignidad a muchos, atendiendo o sirviendo en las necesidades más urgentes. Sólo los comprometidos con el amor y la verdad, es decir, con Dios mismo, serán capaces porque de él precisamente, les viene la fuerza.

Para muestra un botón: Hubo alguien que un día decidió "servir a los demás" en cuerpo y alma. Ella se llama Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como la "Madre Teresa de Calcuta" y, para muchos, incluso no católicos, una Santa en este sentido de "gente extra-ordinaria".

¿Qué hizo ella? abogó por los pobres y más necesitados, vendó sus heridas y atendió con mucho cariño a aquellos que para la sociedad eran práctica "desechos", a los despreciados. Ella vio la oportunidad de hacer cosas nuevas donde nadie más se atrevió, y lo llevó al extremo.

¿Quién de nosotros seríamos capaces de amar a tal grado curando las heridas de un leproso? Ella lo hizo y no sola sino con la ayuda de Dios, de su espiritualidad. Ella predicó al Dios amor en hechos aunque no pronunciara palabra alguna de la Biblia pues ya había dado a conocer el amor de Dios desde su propia persona.

Tan grande fue su testimonio que fue apreciada no sólo por católicos sino por personas de otros credos de la región.

Y así como hay mucho desorden en nuestra sociedad, personas  ordinarias organizándose para hacer el mal, robando y matando de mil maneras gracias al dios dinero porque el Dios amor no está presente en sus corazones, así mismo, y por otro lado, hay personas, tanto en el ámbito social como religioso, que no reparan en "ayudar" y hacer las cosas nuevas con su ejemplo, en dar sabor y luz en este mundo tan golpeado por el egoísmo y avaricias que desplazan al Dios de misericordia que todos deberíamos de llevar en nuestros corazones para una sociedad mejor.

Esta es la lucha diaria: hacer sobresalir esa luz, esa paz, ese amor en un mundo, como ya dije al principio, por demás ordinario, oscuro, sin sabor, distraído, desordenado, ignorante, impulsivo... haciéndolo extraordinario y con mayor sentido de la mano de la Palabra de Dios.

Si te gustó esta reflexión compátela y déjame tu reacción o comentario aquí.

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Gran Catástrofe?

Hoy nuevamente es 19 de septiembre, fecha muy significativa para los mexicanos. Se trata de una fecha que se queda, sobre todo para quienes lo vivieron más directamente, marcados en la mente y el corazón.

Hoy es una fecha conmemorable para la gran mayoría de personas y, para algunas otras quizás, un aniversario que pasará desapercibido y con aires de indiferencia...

Yo podría ser una de éstas últimas personas, sobre todo porque, aunque ya había nacido en el momento de los sucesos, mi poca edad me impedía hacer conciencia por completo de lo que estaba aconteciendo. Pero, al pasar de los años, y cada vez que veía los relatos de los hechos en cada aniversario, esta pequeña, casi nula conciencia con que contaba en mi pequeñez, se fue acrecentando cada vez más al grado de fortalecer más el sentimiento de empatía y solidaridad por los afectados...

Este suceso fue sin duda "terrible" por un lado al saber que dejó muchas víctimas mortales, pero, a la vez, fue también una "oportunidad" para mostrar nuestra humanidad porque, como dicta la frase: "nunca se es mejor amigo (y hermano) que en la dificultad", así mismo se dejó ver tal espíritu solidario entre los mexicanos.

Este tipo de situaciones, por supuesto, nos dejan un sabor amargo, con sentimientos de angustía, dolor, coraje, impotencia... pero también, por otro lado, nos llenan el corazón de esperanzas al probar nuestra capacidad de respuesta y solidaridad ante las necesidades humanas; nos llena el alma el hecho de saber que, a pesar de la dificultad, se "tiene un hermano con quien contar"; que exista alguien dispuesto a ayudar y se ofrezca empática y desinteresadamente por la causa. 

Creo que este es el milagro principal: la flor de la esperanza que de entre las cenizas brota con mucho entusiasmo, el milagro de la solidaridad.

No sé qué conmueve más, si el hecho de ver a gente arruinada, sin casa e, incluso con familiares muertos y perdidos; o el hecho de ver a tanta más gente que, ante la catástrofe, se organiza para ayudar a su vecino buscando entre los escombros aún en contra de toda esperanza de vida...

Me encontraba hoy viendo un reportaje de testimonios a este respecto y son realmente sorprendentes los frutos que de ahí se rescatan. Primero, el acto de la solidaridad como ya mencionaba que de fondo conlleva un profundo sentimiento de compasión y hermandad hacia el hermano que sufre, y el hecho de que este profundo sentimiento lleve a dar lo máximo de sí por ayudar a sus semejantes en días en que incluso para muchos, parecía ya hasta perdido...; y segundo: los milagros tangibles como el caso de los llamados "bebés milagro" rescatados entre las ruinas de un hospital, y no sólo uno, sino más de doce...; o el caso de los sobrevivientes que fueron rescatados después de varios días a pesar de los peores pronósticos que de éstos se tenían; no había para muchos esperanza de encontrar más vida y, sin embargo, las "corazonadas" junto con el entusiasmo de la fe y esperanza por encontrar más vida, provocaron el milagro de encontrarlas...

En conclusión ¿Qué de bueno sacamos de estas experiencias? Nada más y nada menos que el del espíritu de la verdadera hermandad que conlleva la solidaridad ante las dificultades de la vida diaria.

Mucho nos duelen estas circunstancias que inesperadamente nos aquejan, pero mucho más nos alivia el sentirnos acompañados, alentados, ayudados, por la mano de un, ya no se diga amigo, sino ahora hermano...

Son eventos que, a pesar de su carácter de desastre, nos dejan muchas enseñanzas e, incluso amistades. Es un pasaje donde nos recordamos ya no como individuos rutinarios y extraños que pasan desapercibidos en la vida diaria, sino como un hermano más que se descubre y solidariza en la adversidad; un desconocido que se convierte en mi hermano de vida capaz de tender la mano cuando se necesite... ese es el verdadero espíritu que se deja ver ante las catástrofes inesperadas que, de otro modo quizás, no habríamos sido capaces de identificar...

Y es esto precisamente lo que debemos recordar cada año: que no olvidemos ese espíritu solidario que brote no solamente en las grandes calamidades sino que se vaya siempre alimentando día a día en pequeñas obras como las palabras del Evangelio de Lucas nos lo recuerdan: "el que es fiel en lo poco, [será] fiel en lo mucho" (Lc 16,10). 

Con todo, no justifico ni quiero decir que me gusten y sean necesarias tales calamidades para resaltar nuestros valores, de hecho, no necesitamos de este tipo de acontecimientos para recordarnos la calidad de seres humanos que podemos llegar a ser, ni necesitamos sacar nuestro repertorio de valores sólo en momentos especiales, si no, más bien, irlos trabajando día a día con nuestros semejantes aún en la prosperidad y relativa paz social. No podemos bajar la guardia; siempre hay algo por qué trabajar, a quien ayudar y dignificar... en pocas palabras, " a quién amar" para que el dueño de la mies no nos encuentre dormidos el día de su llegada que será por sorpresa... "¡Estén atentos porque no saben el día ni la hora!" (Mc 13,33).

¿Qué opinas? Por favor, no olvides dejar tu comentario o reacción aquí abajo. ¡Que Dios nos bendiga siempre!