sábado, 20 de febrero de 2021

Católico tradicional vs católico original

CATÓLICO TIBIO (1RA PARTE)

"Más porque eres tibio, ni frío ni caliente, yo te vomitaré de mi boca" (Ap 13, 16)

Algunos aspectos o tentaciones que pueden caracterizarnos como católicos superficiales.

 El católico superficial (o tibio)

nNo es puntual y a “duras penas” se dirige a los compromisos religiosos.

·         Necesita ser empujado para hacer las cosas.

·         Difícilmente se compromete.

·         Hace poco y, con eso poco siente que ha hecho más que suficiente.

·         Deja que otros hagan los servicios y se comprometan por él (ella).

·         No es acomedido, servicial, creativo ni aporta ideas. Así, si en la misa hay lectores, para él es “muy bueno”; y si no los hay, también para él es “muy bueno”.

·         No cuestiona su fe para mejorar; no le sorprende ni le indigna nada, es pasivo, muerto viviente. Nunca se pregunta ¿En qué puedo servir? ¿Qué hace falta a mi Iglesia comunidad?

·         No le preocupa la situación de su Iglesia, si acaso sólo los ritos cuando le aportan un beneficio.

·         Asiste a misa “cuando le nace” o sólo en eventos especiales como “quince años”, bautizos, matrimonios, etc. por esperar la fiesta y quedar bien con los amigos y “compadres”, más no por fe ni por agradar verdaderamente a Dios. Los más llegan casi terminando la Eucaristía pero muy puntuales al banquete de bodas. Católico interesado.

·         Llega tarde a las celebraciones y compromisos religiosos, y si le gana la flojera ya no asiste.

·         El frío, la lluvia, el cansancio, la familia, los amigos, el juego, la TV… son motivos suficientes para no asistir a las celebraciones, fácilmente sucumbe ante la flojera. No es tenaz, consistente, disciplinado, no se esfuerza por aportar y mejorar las situaciones de su comunidad o Iglesia.

·         No es prevenido y le da prioridad a otros asuntos menos importantes. Se le olvida la misa del barrio ese mismo día, pero planea y dedica horas y semanas a la diversión, juegos, música en exceso. No tiene una vida equilibrada, a Dios le deja muy poco, y con eso poco se cree muy bueno por quedarse una hora en misa. Piensa que ha hecho demasiado. Gran sacrificio.

·         Es despistado (o indiferente) para las cosas de Dios, es decir que, por más que se le avise y hasta se le anote en la puerta los eventos y celebraciones propias de la Iglesia, siempre anda preguntando, incluso a última hora, lo mismo, y eso porque se topó con una celebración cerca de su casa, de otro modo, ni siquiera tenía considerado asistir; no son su prioridad, no tiene gusto por las cosas de Dios. En pocas palabras, no pone mucho interés y, por supuesto, no valora el esfuerzo de los demás.

·         Es “protocolario”. “Queda bien de Palabra” con las personas, pero de verdadera intención y servicio se queda muy lejos. No busca agradar a Dios más que quedar bien con el mundo.

·         Es “ritualista”. Se queda en la celebración de los sacramentos de manera superficial, pero no los hace vida en su familia y comunidad. Están de cuerpo presente y su mente sigue en las placeres y preocupaciones de su vida diaria.

·         Cuando asiste a las celebraciones o rosarios lleva interés de lo que “repartirán” más que por devoción.

·         No se preocupa por conocer más su fe, y se deja llevar por lo que los medios o los demás dicen al respecto de su Iglesia, y se las cree fácilmente. Le es más fácil tomar un celular y creer lo que dice un video y noticias al respecto que tomar un libro y dedicarse a estudiar el compendio o la Biblia ¿Tomar un curso de Biblia? Ni siquiera lo piensa, es un gasto innecesario. Católico tibio.

·         Es “sensacionalista”. Es como “Vicente, que va a donde va toda la gente”, buscando reconocimiento a lo que hace. Le interesa más la multitud que la verdadera convicción de su fe personal: buscar al encuentro de Dios aunque vayan poquitos o no esté de moda ir a misa (por ejemplo).

·         Vive preocupado de la vida diaria y, Dios para éste es “cosa a parte”, es decir que, si le sobra tiempo, se lo dedica a Dios, si no, no. Es tibio.

·         No tiene espíritu de sacrificio.

·         Tiene miedos, se siente inútil, pero a la vez, éstos le sirven de pretexto para no esforzarse a mejorar y prestar un servicio. Nadie se sacrifica por lo que no ama y éste alguien (en este caso Dios) siempre será cosa secundaria. Tampoco las mamás son todas maestras, sin embargo, hacen el esfuerzo por apoyar a sus hijos para que no reprueben. Así que “no hay pretextos”.

“Donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón, [tus pensamientos, tus intereses…]” (Mt 6,21) Entonces ¿por qué darías tú la vida? ¿Qué es lo más importante fuera de Dios que valga más la pena? Todo es indispensable, cierto, pero también Dios no es menos importante. De hecho, es la raíz de todo. El problema es que, como niños malcriados, buscamos sólo lo bello, placentero; nos gusta arrancar frutos del árbol, pero nunca sudar la gota gorda al plantarlos y cuidarlos. Todos quieren guayabas cuando ven al árbol repleto, pero casi ninguno se preguntó siquiera ¿quién lo plantó, lo regó, lo podó, lo cuidó? ¿Qué puedo hacer yo al respecto? Además, arrancan con violencia los frutos y aún verdes… piensan que todo lo merecen y que éstos se dan solos.

Así es el mundo placentero y llano; todos buscan su beneficio propio sin casi ningún esfuerzo. Así, ser católico no es garantía de ser un valioso y grandioso ser humano. 

Así, tenemos diputados, presidentes corruptos, secuestradores, rateros, violadores, etc. muy creyentes y hasta guadalupanos, muy católicos de nombre y tradición, pero pocos son los que realmente lo viven, se esfuerzan y saben lo que ello conlleva.

Esfuércense, [pues], por entrar por la puerta estrecha” (Lc 13,24), porque el mundo, el camino de la perdición es fácil, es placentero, injusto, egoísta, es llano… Y los caminos a Dios, el camino al amor es difícil por ir contra el pecado y el desamor, el egoísmo, pero que ya desde la Tierra trae sus recompensas y la esperanza de la felicidad eterna.

miércoles, 20 de enero de 2021

Mi experiencia en la pastoral de la salud

Poco valoramos la salud hasta que nos cae a enfermedad, y más si ésta es grave, ya no se diga solamente a nosotros sino también de algún familiar o amigo cercano.

Mi nombre es Alejandro Huerta C. y hoy quiero compartirles una experiencia especial respecto a la salud.

Hoy en estos tiempos de pandemia nunca ha sido más valorada la salud como en otros tiempos más normales (por decirlo de alguna manera) debido al incremento de muertes por este fatal virus que nos circunda y amenaza constantemente, y donde no sabemos a quién y cuando nos va a tocar y con qué gravedad.


Hace unos días, dentro de mis archivos apareció esta foto de una experiencia especial que tuve hace algunos años en mi estancia en el seminario de Misioneros de Guadalupe y decidí hacer una reflexión al respecto compartiéndoles mi experiencia donde cada fin de semana durante al menos un año teníamos la pastoral de la salud que consistía en ir con los enfermos del Instituto Nacional Ignacio Chávez de la ciudad de México (CDMX).

Éramos de cuatro a seis integrantes aproximadamente los que asistíamos a dicha pastoral. Cada viernes después de los estudios y de la comida, íbamos a nuestros cuartos a tomar nuestra bata y nos encaminábamos a dicho hospital para visitar a los enfermos del corazón. Pero nuestra labor, a pesar de llevar bata blanca como cualquier médico (lo cuál se hacía por higiene) era algo más que sólo físico. Se trataba de la salud espiritual llevando la Eucaristía a quien lo quisiese así como la Palabra de Dios, cosa que, viendo los rostros de cierto alivio y consuelo de los internados al escuchar que Dios está con ellos a pesar de la angustia y sufrimientos que pudieran experimentar; que no desanimaran y tuvieran fe, cosa que me llenaba de gran satisfacción, saber que yo era de alguna manera el portador de esa Palabra y consuelo, que mi vida valía para algo, para servir a otros desde mi persona.

Al mirar esta foto de nuevo, pues, me hizo recordar y valorar más la vida y salud que aun Dios nos ha permitido tener y, sobre todo, tener esta oportunidad de poder servir mediante  mi salud a los enfermos. Hoy día acompaño al ministerio de los ministros de la Santa Comunión en el Refugio y, ¡créanme! Aunque para muchos pasa por indiferente esta labor, es una experiencia única y enriquecedora donde experimentas la presencia de Dios entre los, para ya muchos, olvidados y hasta insignificantes, pero Dios se hace más presente con mayor razón en la miseria y fragilidades humanas, allí donde aflora con mayor fuerza la fe. En verdad ¡Qué bello es servir a Dios!

Bien dicen por ahí que la mejor medicina es el ánimo que la persona enferma ponga en su recuperación, y esto en gran medida es tan cierto e importante que, incluso se puede decir que es la principal y mejor medicina. Así, el espíritu humano supera en gran medida el aspecto material y físico.

De ahí la importancia de mantenernos en pie espiritualmente hablando, es decir, con la mano puesta en Dios siempre ante cualquier circunstancia.

En este sentido, cuando yo iba a visitar a los enfermos y, sabiendo ellos que eres representante de Dios, las personas no tardan en querer hacerte partícipe de sus problemas que van más allá de una enfermedad física. El sufrimiento, pues, es más profundo que lo que se experimenta en el cuerpo mismo.

Recuerdo que cuando comencé a visitar el hospital  quería "complacer" (por decirlo de algún modo) a los enfermos escuchando sus penas, sin embargo, humanamente es casi imposible remediarles en algo sólo por nuestra fuerza, además, me di cuenta con el paso de las semanas, y dado que escuchar a un sólo enfermo te llevaba casi todo el tiempo y sin garantía de poder aliviarle su sentir que, en sentido estricto, por más buena voluntad que se tenga y fuerzas empleadas, el que mejor puede alivianar el alma es la Palabra de Dios y Eucaristía.

De ahí que, en visitas posteriores ya no trataba de quedarme a sólo escucharle (y hasta aconsejarle según mis capacidades), lo cual es muy válido, humano y hasta importante, sin antes primero leerles la Palabra de Dios.

Así, comencé a notar esa paz en sus rostros que sólo la Palabra de Dios podría traerles y, una vez escuchada ésta (incluso para los que estaban impedidos de comulgar) ya no buscaban tanto platicar sus problemas que, por más vueltas que se les dé, humildemente uno nunca podrá remediarlas eficientemente. Es mejor refugiarse y confiar en la Palabra de Dios, ponerlo todo en sus manos. Creo que esta última actitud es la que muchos pacientes lograron experimentar dejando sus preocupaciones en las manos de Dios desde la misma Palabra de Dios.

Estos son algunos de los aprendizajes durante mi experiencia pastoral en este ramo. 

Es necesaria la salud física por supuesto, pero no se puede prescindir de la salud espiritual esencialmente. Con razón San Pablo manifestó alguna vez: "Por el pecado entró la muerte" (Rom 5, 12-21). Así mismo, un alma saludable (en armonía con Dios) está en Paz y hasta llega a recuperar la salud física, de ahí que Jesús antes que sanar el cuerpo, se enfocaba primero en el alma de la persona y por ello ratificaba la salud con estas palabras: 

"Tus pecados son perdonados" (Mt 9,2), "tu fe te ha salvado" (Mc 5,34; Lc 7,50), "vete y no vuelvas a pecar" (Jn 8,11). Con estas palabras podemos confirmar que lo importante, la salud primaria, viene desde el mismo ánimo del espíritu.

Con esto no quiero decir que no sean necesarias las atenciones de la medicina sino que, es también importante la espiritualidad que nos mantenga firmes y con esperanza siempre sabiendo que Dios contiene a la medicina misma y abarca la inteligencia de los hombres.

lunes, 4 de enero de 2021

DISFRUTE LA VIDA...

 El Papa Francisco:

"Está vida se va a ir rápido, no pelee con la gente, no critique tanto su cuerpo, no se queje tanto, no pierda el sueño por las cuentas. Busque la pareja que lo haga feliz, si se equivoca, dejela y siga buscando su felicidad. Nunca deje ser buen padre.

No se preocupe tanto en comprar lujos y comodidades para su casa, ni se mate dejándole herencia a su familia. Los bienes y patrimonios deben ser ganados por cada uno, no se dedique a acumular plata. Disfruté, viaje, goze de sus paseos, conozca nuevos lugares, dese los gustos que merece y permita tener a los perros más cerca.

No se ponga a guardar las copas. Utilice la nueva vajilla, no economice su perfume favorito, úselo para pasear contigo mismo, gaste sus tenis favoritos, repita sus ropas favoritas ¿Y qué? Si no está mal, ¿por qué no ahora? ¿Por qué no orar en vez de esperar a orar antes de dormir? ¿Por qué no llamar ahora? ¿Por qué no perdonar ahora? Se espera mucho para la Navidad, el viernes, un año más, cuando se tenga dinero, cuando el amor llegue, cuando todo sea perfecto... Mire .... No existe el todo perfecto.

Los seres humanos no pueden lograr esto porque simplemente no se hizo para completarlo aquí.

Aquí es una oportunidad de aprendizaje. Así que tome está prueba de vida y hagalo ahora... Ame más, perdone más, abrace más, viva más intensamente y deje el resto en las manos de Dios".

viernes, 4 de diciembre de 2020

Amor "a medias"

"Conozco tus obras, no eres ni frío o caliente. Ojalá fueras frío o caliente; pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca" (Ap 3, 15).

A Dios no le gusta la "gente a medias" (o mediocre); aquella con apariencia de madurez, compromiso, trabajadora, prudente, bondadosa, etc. pero que en el fondo sólo sigue las reglas del mundo, es decir, se comprometen "a medias", en "apariencia" con Dios y la Iglesia en la medida que ésta sólo les provea momentos placenteros...

Lamentablemente, y para decepción de tales personas, la verdadera Iglesia católica y sus verdaderos fieles están constituidos de dolor, de sufrimiento, de entregas, de sacrificios, disciplinas y, algunos cuantos hasta dar la vida por la Palabra de Dios, por la verdad, gracias a su compromiso que no puede venir de otro lado distinto del amor, del amor a Dios.

Así, puedo decir que quienes se comprometen "a medias", es porque realmente, como manifestó Jesús a sus verdugos en el suplicio de la Cruz y de los cuales aun así imploró misericordia, "no saben lo que hacen" (Lc 23, 34) porque no aman; no saben por qué están ahí ni qué están viviendo. Son, en todo caso (si son católicos), católicos por "tradición", es decir, se queden en el mero cumplimiento de "ritos" aprendidos, pero no lo son por "convicción", es decir, convencidos de lo que viven por que se suponen que "lo viven", viven el amor de Dios, y ese espíritu y anhelo manifiestan.

Vivir a medias, o ser incoherentes es decir un "sí" (me comprometo) con los labios, pero a la vez decir un "no" en fondo del corazón: ¡Qué aburrido! ¿Ya va a acabar la misa/el rezo? "hace frío", "me da flojera", "ya empezó a llover, mejor no voy", "Si van los demás si me animo, si no, mejor no", "ya es hora, pero mejor me acerco ya que lleguen los demás", ¿Por qué tan larga la misa? ¿Qué van a dar en el rosario?... con estas últimas actitudes se demuestra el fervor "a medias" por lo que hacemos: quizás obligados, por complacer a otros y quedar bien ante las demás personas; sentirme importante, indispensable o mejor que cualquier otro por prestar un servicio, etc. Todas estas motivaciones son "imperfectas"; la verdadera es la que está ahí, a pesar de la lluvia, las críticas, la soledad, la infamia, etc. Sólo por "convicción", porque ama y sabe a quien sirve esencialmente: a Dios. Este es el verdadero servidor, el que verdaderamente ama.

"A ver, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se dirigió al primero y le dijo: Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña. El hijo le respondió: No quiero; pero luego se arrepintió y fue. Acercándose al segundo le dijo lo mismo. Este respondió: Ya voy, señor; pero no fue ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?" (Mt 21, 28).

Un mismo mandato, dos actitudes distintas. Coherencia e incoherencia. Asi nos parecemos muchas de las veces los católicos al decir "Sí, Señor ya voy", pero a la hora de trabajar no lo hacemos, sea por flojera o por alguna otra circunstancia que nos hizo cambiar de intención. La buena intención, pues, ¡no basta! y no en vano el dicho de: "de buenas intenciones está empedrado el infierno".

¿Qué es, pues lo más importante para Dios? ¿las palabras (incluyendo el rezo con los labios o cumplimiento de ritos en la liturgia, etc.) o la acción en sí misma? Recordemos lo que nos dice el Evangelio a este respecto: "No todo el que me diga: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo" (Mt 7, 21). No basta, pues, alabar al Señor si el corazón está muy lejos de su voluntad o tiene otras prioridades en el fondo, prioridades que van más acorde a lo que dicta el mundo y sus placeres que a los preceptos de Dios mismo.

Jesús, pues, también dentro de esta convicción nos pide "madurez" y "decisión" ya que "Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues odiará a uno y amará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero" (Mt 6, 24) y aunque hace referencia a Dios y al mundo representado en el dinero, en este texto podemos ver como Dios pide exclusividad en su amor, pero una exclusividad que exige a los que le aman. Sin embargo, esta exclusividad no es obligatoria ni impuesta y, quien decide amarle, lo hace libremente, y libremente cumplirá sus decretos sólo por amor a Él. 


También podemos ver aquí la "coherencia" de vida y la "decisión" de la que hablaba inicialmente: "o eres frío o caliente, pero nunca tibio", o sea que, seguir a Jesús a él implica libertad y compromiso porque el amar esto implica de por vida; de decidir por alguna parte, pero no por ambas: o Dios o el mundo; o te salvas o te condenas a tí mismo, es tu decisión.

¿En qué consiste, pues, más específicamente la incoherencia? En querer estar en los dos lados a la vez según mis conveniencias, es decir, sin compromisos, tomando la religión "a mi manera" y no como debe ser, con hechos y verdadero espíritu de servicio con todo lo que este espíritu conlleva.

Así, para Dios, el pecador incluso es más valioso que el mismo "orgulloso" o soberbio, y no porque Él desee que pequemos para ser preferidos recordando que Dios odia el pecado (la desobediencia) más no al pecador (sus hijos), sino que hay pecadores que, por no conocer su Palabra, han hecho cosas mal por el ambiente en que han vivido, pero que, sin embargo, al conocerle, si lo aceptan con un corazón contrito y humilde, éstos encontrarán la salvación, y éstos son muy valiosos para Dios, estas actitudes de reconocimiento de la Verdad. "De la misma manera les digo que habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse" (Lc 15, 7).

El orgulloso al contrario, y en primera instancia, "no acepta" que peca; que es miserable, que falla y que, por ende, necesita con más razón del amor de Dios para salvarse... Este es el peor, el que creyéndose salvo por cumplir preceptos, también piensa que no necesita de la gracia Divina, por eso ahí, entre los "necios", se paraliza el Espíritu Santo y, con ello, sin su ayuda, crean su propia muerte y condena...

martes, 24 de noviembre de 2020

El amor

Una de las principales características del amor, creo yo, es la "Ilusión" muchas veces llamada precipitadamente "ingenuidad" pues, cuando te enamoras elevas a aquella persona que amas en un "pedestal", y le revistes de cualidades y virtudes que incluso en vida real, es decir, ya con los pies en la tierra, quizá ni siquiera parezca tener.

El amor es una ilusión porque plasma en el ser amado aquello fántastico y maravilloso que desea ver y vivir. Por eso el amor es también muchas de las veces catalogado como "fantasioso" (de la mano de la ingenuidad como digo) pero que alimenta a su vez la esperanza en todo caso.

El amor tiene ese poder de transformar, por eso se parece a esa historia del famoso "Rey Midas" porque todo cuanto toca lo transforma, lo inquieta, lo mueve, lo embellece... Así, toda materia deja de ser materia con él y toma otra forma espiritual de trascendencia, rescata su esencia, eso es lo que quiere ver, rescata lo bueno de cada ser...

Cuando una persona se enamora, "endiosa" a aquello (a) que ama y no puede verle más que sólo "virtudes". La endiosa tanto que la hace única y le ve una belleza tal que llega a pensar que otro (a) podría también enamorarse y llevárselo (a); piensa que ha encontrado un tesoro, el mayor de todo el mundo y se siente más que afortunado (a).

El amor, pues, en este sentido es "ingenuo" en cuanto que desafía las leyes básicas de la lógica natural, conforme a la realidad, de la experiencia misma de la vida; el amor se atreve a superar esa misma lógica humana buscando donde para muchos es evidente que ya no hay nada más, tratando de vitalizar lo que parece muerto y seco plantando en el "desierto"... Así de ilógico y, si quieres, de "absurdo" es el amor que "cree" donde se ha perdido ya toda esperanza, toda ilusión

En todo caso, lo que llamamos "ingenuidad" puede sólo tratarse de "pureza", "inocencia" o, simplemente, de un "amor incondicional"; de aquél o aquella que "cree" en su amada (o) sin más ni más. ¿De qué cuidarse -dice pues- si el amor no es mentira, es la verdad?

Así, pues, el verdadero amor nunca (aunque pudiera), querría por ningún motivo a su amado (a) "engañar", traicionar, porque éste no buscaría de él (o ella) hacerle algún mal. El amor es "bondad", (nunca sólo interés) es lealtad.

Más, como Dios es amor, el mejor amante es el que se sustenta en Él como fuente, ejemplo y sostén.

A Dios nadie lo puede medir ni conocer sus designios, sus reglas (si es que las tiene como tal), así mismo es el amor de "bambaleante" que entra y sale por donde quiere, que no "discrimina" y que, al extremo, llamado misericordia, simplemente "transforma" al que con él se topa.

Muchos santos se han embelesado en Él prefiriéndole a muchos otros vanos amores. El verdadero trae paz, esperanza y fe. Por él vale la pena dar la vida misma; es por lo que se vive y da sentido, por lo que vale un minuto de existencia aquí en la tierra porque, siendo feliz aunque sea ese instante, se habrá ya cumplido la misión de esta vida en muchos sentidos. 

Si los años de nuestra existencia se midieran por lo realmente vivido, me refiero a lo "disfrutado", es decir, a lo verdaderamente "amado" y, con ello obviamente "feliz" ¿Cuántos años en realidad hemos vivido? ¿Qué es la vida sin amor? Nos engañamos muchos en esta tierra llamando vida al simple movimiento de nuestro cuerpo físico sin una ilusión. Llámase mejor "vida" a aquello por lo que te hace realmente "sentir", "ilusionarte", "bailar", "cantar" con tus familiares, pareja, amigos, "reír"... Eso es "vivir" y no andar como los muertos caminantes cumpliendo horarios, ritos... pero que realmente no motivan, no permiten soñar, encantarnos por algo, hacer planes motivantes nuevos cada día preguntándonos y alimentando esos "gustos" sanos que proyectan nuestro porvenir...

Porque la vida se "disfruta" y no sin amor; de la madre/padre con su hijo (a); del amigo con el amigo, etc. donde todos ellos se desean lo mejor (no aislada ni egoístamente); del amor a los semejantes desde el "servicio" mismo al darse en beneficio de los demás y en bien de la comunidad o sociedad por un mundo mejor... 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Caridad

Muchos hemos escuchado en más de una ocasión acerca de este término por demás significativo, sin embargo, estoy seguro que no hemos agotado por completo su significado; si profundizamos más al respecto, encontraremos sin duda mucho más de lo que creemos que sabemos...

¿Qué significa, pues, la palabra "caridad"?

Si buscamos en la web encontraremos esencialmente que el objeto de ésta es el amor a Dios sobre todas las cosas y, por supuesto, esto implica a su vez el amor al prójimo ya que: "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su Hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su Hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" (1 Jn 4,20).

Caridad se deriva del griego ágape (amor fraternal) y del latin caritas que hoy día traducimos como "amor" más propiamente. En este sentido es que caridad viene siendo lo mismo que "amar". Se trata de una de las tres virtudes teologales después de la fe y la esperanza, y la más importante de éstas ya que, si no tengo caridad (o amor), así sea yo un gran héroe o conquistador de grandes ciudades, yo nada soy" (1 Cor 13).

Pero ¿qué significa amar? Este es el meollo del asunto y, por decirlo más precisamente, es lo más complejo y el punto central de nuestra exitencia humana; es el motor que nos mueve de mil maneras; lo que nos desanima y da sentido; es por lo que damos la vida misma... es precisamente por ella que venimos a este mundo y que aun hoy día muchos tratamos de entender en esta escuela de la vida. Unos la alcanzan a entender de manera plena más pronto que otros. Más, con la palabra "entender" no me refiero a algo propiamente de la mente más que del sentir y, por ende, se vive, ya que parece ser que el amor (o caridad) tiene como uno de sus requisitos básicos eso: el amor se comprende más auténticamente viviéndola con todo lo que conlleva: dolores y alegrias, de todo un poco cada vez. El amor verdadero pues, se distingue del falso en la "resistencia" y aún en el "desierto".

La caridad (o amor) engloba a las otras tres virtudes anteriormente mencionadas: la fe y la esperanza ya que sin amor ninguna de éstas existiría. La prueba está en la "confianza"; el amor es capaz de muchas cosas y de provocar incluso lo inimaginable o aparentemente imposible; es capaz de sembrar en el desierto por ejemplo; por eso se la llama muchas de las veces "loca", "rebelde", "ingenua", etc., y, ciertamente, para complicar más las cosas, también "ilógica" como Dios mismo, es decir, que supera toda regla e inteligencia humana. Con el amor (o caridad) "todo es posible" o, mejor dicho, "todo puede suceder", de ahí se desprende su exquisitez, su hermosura y expectación, su encanto, sorpresa, sentido...

Dice San Pablo hermosamente y embelesado por ella tratando de definirla y, con ella, de alguna manera de delimitarla: "El amor paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad." (1 Cor 13, 1-13).

Y si le queremos agregar más cualidades, resaltan también las claves de Jesús de una forma un tanto resumida: amar a Dios y al prójimo como así mismos que involucra también al enemigo ¿Quién quiere amar al enemigo? más aún ¿al despreciado, enfermo, pobre u oprimido? Sólo el que ama de verdad. He aquí lo complicado de tal cualidad, es fácil decirlo, difícil practicarlo, pues, como mencioné al principio del escrito, el amor "se vive", no se "predica" propiamente; de él se da ejemplo de vida más que sólo cátedras.

La caridad (o el amor) no es, pues, "asible"; ella va y se posa donde quiere; no discrimina, toma a todos por igual, a todo aquél o aquella que se cruce por su camino si le parece; lanza su anzuelo e invitación, por eso tambien se le llama "ciega" porque el verdadero amor "no se deja sobornar" ni por la sola apariencia "apantallar"; tiene cara de ingenua pero sabe lo que quiere, es amable y también prudente; parece que la engañas y de ella al final, si de verdad quieres, aprendes y te transforma. Porque además, ella es respetuosa y también por lo anterior dicho, es pura y noble.

La caridad (o amor) es "considerada" y "persistente", impulsada precisamente por la "esperanza" y no tan pronto en su entrega o hazaña muere.

La caridad, en pocas palabras diría yo, es precisamente lo "irreal" y e "imaginable", por eso también a su vez es "creativa", puede hacer cuanto quiera, como la frase de San Agustín "ama y haz lo que quieras" porque ésta dondequiera se mueva no divide sino "crea"; ama la vida y no la muerte, por eso ese "hacer lo que quiera" no tiene sentido "rebelde", opresor o ambicioso más que el de no hacer daño ni destruir sino el de "hacer todas las cosas nuevas", desear el bien siempre...

(continuará) No olvides comentar.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Todos somos santos

Porque todos somos santos para Dios


Santo es el que ama, el que gasta su tiempo por los demás, santo es el alegre y el divertido, por cariño; santo es el que pone sus preocupaciones ante Dios, el que vive atento al hermano; santo es el que llora con el que sufre, que regala los detalles de cosas sencillas: una anécdota, una sonrisa... que acompaña y hace sentir bien al agobiado aun en la dificultad y tribulación, que le muestra el lado afable de la vida, el que se ríe con esa persona feliz o afligida; santo es el que libera de una culpa o sentimiento malo como la tristeza, soledad, ira, envidia, rencor, dolor, reprensiones, etc.; santo es el que cura de un resentimiento, el que es compasivo y misericordioso, es el que alivia el peso del compañero, el que regala su ternura, el que no tiene nada suyo; santo es el que actúa ecológicamente, el que exprime la vida con pasión y no se deja abatir por los problemas, al contrario, usa a éstos como escalón; santo es el que trabaja por conseguir la justicia y la paz, el que acoge al que está caído, el que acompaña al desvalido; santo es el que festeja la vida con la gente y que adivina lo que éstas necesitan, el que descansa al preocupado y le hace como el evangelio lo dice: su yugo suave y su carga ligera, el que proclama con su actitud y por doquiera que va a Jesús, su amor; santo es el que facilita la elaboración de un duelo, pero también el que acaricia la vida del hermano; santo es el que tiene siempre una casa abierta y mesa puesta para el forastero y necesitado, el que sabe tender la mano; santo es el que sabe vivir en amistad y disculpa a todo el mundo sin ser negligente o “laxo” en las leyes de Dios, sólo liberando del egoísmo y resentimientos humanos, del desamor; santo es el que une y busca los medios para tal intención; santo es el que te hace encontrar a Dios por cualquier medio y vive en su compañía ¿Tú eres santo? ¡Felicidades! Porque ¡regalarás felicidad a donde quiera que vayas!